Luis Oviedo
6 de agosto del 2003.
James Petras
Traducido para rebelión por
Marina Trillo
Introducción
Con excepción
de algunos dinosaurios intelectuales, muchos escritores, periodistas y académicos
han reintroducido el concepto de imperialismo en sus análisis sobre
la estructura del poder mundial. Los anteriores debates centrados en “la hegemonía”
han mostrado ser inadecuados para explicar el nuevo énfasis de los
constructores imperiales estadounidenses sobre la coerción militar,
la invasión, ocupación y gobierno por la fuerza. Hace cincuenta
años la Comisión Económica de Iberoamérica (CEPAL)
describió la economía mundial con los términos de “centro”
y “periferia”, veinte años más tarde los teóricos del
sistema mundial agregaron una semi-periferia. Estos términos, ampliamente
desprovistos de cualquier especificidad histórica, de clase o estado
ya no se consideran útiles por la mayoría de los escritores
críticos del mundo contemporáneo.
Todas las preguntas
importantes con las que nos enfrentamos hoy respecto a la naturaleza y dirección
de las relaciones internacionales de poder, la naturaleza de los crecientes
conflictos, las conquistas y la resistencia giran alrededor de la naturaleza
y dinámica del imperialismo – especialmente del poder imperial más
poderoso y agresivo, los Estados Unidos de América.
Se han planteado
cuestiones fundamentales respecto a la sostenibilidad del imperio estadounidense
– por lo menos en su actual estructura militar y económica. En su
forma simplificada, la pregunta más común es si el imperio
de EEUU está en ascenso o si está en declive. Aunque en la
superficie éste parece ser el ‘asunto principal’ en realidad oscurece
cuestiones más fundamentales que deben formularse, referidas a las
vinculaciones entre la política y la economía domésticas
respecto al imperio, las relaciones de clase y políticas que apoyan
y se oponen al imperio y la capacidad política del imperio para sostener
la expansión exterior y el declive doméstico. Argüir,
como hacen algunos académicos, que el imperio está en declive
debido a que está “sobre-extendido” (Kennedy, Hobsbawm, Wallerstein)
es desestimar la capacidad de la clase dirigente imperial para continuar
reasignando los recursos de la economía doméstica al imperio,
al estado duradero, los medios de comunicación, y a las instituciones
del partido que apuntalan la continuación de la construcción
del imperio y lo que es más importante, la habilidad para reclutar
a clientes al servicio del imperio.
La continuada
expansión dinámica imperial, incluyendo la conquista militar
de tres regiones (Balcanes, Afganistán e Irak) tiene lugar con la
aprobación activa de la inmensa mayoría de los ciudadanos estadounidenses,
que están sufriendo los peores recortes sociales y económicos
en programas gubernamentales y la legislación fiscal más regresiva
de la historia reciente. Claramente, los comentaristas impresionistas que
pretendieron ver las ocasionales manifestaciones de Seattle, Washington y
otras ciudades contra la globalización y la guerra de Irak como un
desafío y debilitación del imperio, estaban equivocados. Una
vez iniciada la guerra, se acabaron las grandes manifestaciones y no existe
ningún movimiento de masas que se oponga a la sangrienta ocupación
colonial ni apoye la resistencia anticolonial. Igualmente grave, desde la
perspectiva metodológica, los críticos del poder imperial son
incapaces de explicar la naturaleza mundial de la doctrina imperial
– para librar guerras imperiales “en cualquier parte y durante el futuro
previsible” según la doctrina de Bush. Encerrándose en el objetivo
más visible y obvio – en el caso de Irak, el petróleo – las
críticas de activistas pasan por alto los múltiples sitios
de continuada intervención militar imperialista, en Iberoamérica,
África y Asia (Colombia, Djibouti, y Filipinas, etc.). El petróleo
es un componente importante de la construcción del imperio, pero también
lo es el poder, el control y la dominación de clientes, rivales y estados
independientes.
Para entender
adecuadamente la agresión política y militar a nivel mundial
de los constructores imperiales estadounidenses, debemos fijarnos en el alcance
y extensión del imperio económico de los EEUU. Para entender
adecuadamente si el imperio estadounidense está en declive o en expansión
debemos distinguir entre la economía doméstica (lo que llamaré
“la república”) y la economía internacional (a la que llamo
“imperio”).
El imperio
económico estadounidense.
Una de las medidas
claves de las dimensiones económicas del imperio estadounidense es
el número y porcentaje de sus corporaciones multinacionales (CMN)
y bancos entre las primeras 500 firmas del mundo en comparación con
otras regiones económicas. Casi todos analistas económicos
están de acuerdo en que la fuerza impulsora de la economía
mundial, las instituciones fundamentales para las inversiones internacionales,
las transacciones financieras y el comercio mundial son las CMN. Igualmente
importante, ningún estado puede aspirar a la dominación global
si sus principales instituciones económicas, las CMN, no desempeñan
un papel primordial en la economía mundial. Cualquier debate serio
sobre la presente y futura supremacía imperial estadounidense está
obligado a analizar la distribución de poder entre las CMN en competición.
Hay varias maneras
de evaluar las “CMN punteras”. He seguido el enfoque del Financial Times
– y he utilizado los datos que han compilado. El FT clasifica a las compañías
según su capitalización bursátil, es decir, según
la valoración de sus acciones. Cuanto mayor sea el valor de mercado
de una compañía más alta será su clasificación.
La capitalización bursátil es igual al precio de la acción
multiplicado por el número de acciones emitidas. Sólo se incluyen
compañías en las que la libre participación en las acciones
sobrepase el 85% quedando así excluidas las compañías
que tengan grandes participaciones estatales o familiares.
Las CMN estadounidenses
dominan la lista de las 500 corporaciones principales del mundo. Casi la
mitad de las CMN más grandes (48%) está en poder de estadounidenses
que asimismo las dirigen, casi duplicando a su siguiente competidor regional,
Europa que tiene el 28%. Los japoneses poseen solo el 9% del total de CMN
y el conjunto del resto de Asia (Corea del sur, Hong-Kong, India, Taiwán,
Singapur etc…) posee menos del 4 por ciento de las 500 firmas y bancos más
grandes. La concentración del poder económico estadounidense
es aún mayor si miramos las 50 CMN más grandes – donde más
del 66% es de propiedad estadounidense; y el poder de los gigantes económicos
de EEUU es aún más evidente cuando examinamos las 20 primeras
CMN, donde más del 70% es de propiedad estadounidense. Entre las 10
CMN punteras EEUU controla el 80%.
Muchos analistas
impresionistas que citan el descenso del valor bursátil de las CMN
estadounidenses como indicador de un declive general en la posición
global de EEUU omiten reconocer que el valor bursátil de las CMN de
Europa, Japón y resto del mundo cayó también – en igual
o mayor grado – neutralizando de este modo el efecto del descenso de EEUU
en la dominación continuada que ejercen las CMN estadounidenses.
Podemos examinar
varias otras valoraciones del continuado y consolidado poder económico
del imperio estadounidense. Si comparamos la capitalización neta de
las CMN estadounidenses entre las primeras 500 firmas con la de las CMN de
otras regiones encontramos que el valor las CMN estadounidenses sobrepasa
la valoración conjunta de todas las demás regiones. La valoración
de las CMN estadounidenses es de entre $7.445 mil millones y $5.141 mil millones.
Las CMN estadounidenses tienen un valor de mercado que excede el doble
al de su competidor más próximo, Europa.
El argumento
respecto al consolidado y creciente imperio económico mundial estadounidense
queda más reforzado si examinamos los ocho sectores económicos
que lideran la economía mundial, a saber, banca, productos farmacéuticos,
telecomunicaciones, hardware de informática, petróleo y gas,
servicios de software y computación, seguros y detallistas generales.
Las CMN estadounidenses son mayoría entre las primeras clasificadas
de cinco sectores, poseen el 50% de un sector (petróleo y gas) y son
minoría en un sector (seguros). La misma pauta se cumple cuando examinamos
la denominada “vieja economía”. Las CMN estadounidenses de la vieja
economía que incluye minería, petróleo y automoción,
productos químicos y bienes de consumo ascienden a 45 de entre las
100 primeras CMN. Entre las primeras 45 CMN vinculadas a la fabricación
las CMN estadounidenses poseen 21, Europa 17, Japón 5 y el resto del
mundo 2. EEUU cuenta con la compañía puntera en 23 de 34 grupos
industriales. Las CMN estadounidenses controlan casi el 59% de las principales
compañías manufactureras y mineras – casi iguala a la suma
de las CMN europeas y japonesas. La mayor área de debilidad estadounidense
está en el sector de electrónica donde EEUU posee sólo
2 de las 23 empresas principales.
Hasta donde
las CMN son base y fuerza impulsora para la construcción económica
del imperio, está claro que EEUU es todavía dominante, controlando
aún y mostrando poco o ningún signo de “debilitación”,
“declive” o pérdida de clasificación respecto a Japón
o Europa. La tesis de una economía “sobre-extendida” o “declinante”
tiene poca base. La reciente burbuja especulativa solo ha afectado a áreas
del sector de IT (informática), pero esto también afecta a
los competidores de EEUU. Además mientras el sector IT decreció,
sectores de la “vieja economía” se han expandido. E incluso dentro
de áreas de IT, ha habido un proceso de concentración y centralización
de capital – con Microsoft, IBM y otros pocos gigantes estadounidenses avanzando
en la clasificación mientras muchos otros disminuyen.
Aunque el fraude
y la corrupción han afectado la confianza de los inversores en las
CMN estadounidenses, también ha sido ése el caso en Europa
y Japón. El resultado ha sido un descenso general en las valoraciones
de mercado de todas las CMN de los tres centros competidores imperiales (EEUU,
UE, Japón). El descenso mundial en la valoración de acciones
es evidente si comparamos los totales de 2002 y 2003: en 2002 el valor neto
era $16.250 mil millones comparado con $12.580 mil millones en 2003 – un
22.6% de bajada. Sin embargo aproximadamente el 50% de la bajada sucedió
en el sector de hardware.
El hecho indisputable
es que el imperio económico estadounidense es dominante y está
en fase ascendente – su profundidad y alcance superan a sus rivales europeos
y japoneses por múltiplos de dos en la mayoría de los casos.
Los abogados del “imperio en declive”, u omiten captar los elementos estructurales
económicos del imperio de EEUU, o recurren a pronósticos a
largo plazo basados en la comparación histórica que concluyen
que en algún momento futuro el imperio estadounidense entrará
en declive, como todos los imperios (Hobsbawm). Los pronósticos históricos
a largo plazo sobre un declive inevitable tienen la virtud de consolar
a los miles de millones de personas que sufren explotación y guerras
destructivas, y a los gobernantes de las naciones amenazadas con invasión
militar y la rapiña de sus lucrativos recursos naturales. Pero es
totalmente irrelevante para diagnosticar el poder actual del imperio, su
dinámica y las fuerzas organizadas contra él. La tesis del
declive se basa en teorías abstractas, buenos deseos en el peor de
los casos, y a lo más en extrapolaciones de la economía doméstica
del imperio.
Lo que necesita
ser destacado es que las "contradicciones" que amenazan al imperio no son
simples deducciones económicas de un asumido "imperio sobre-extendido"
que presumiblemente estimulará a "la gente" a derribar a la elite constructora
del imperio, o forzará a los ideólogos imperiales a replantearse
su proyecto imperialista. El imperio estadounidense es construido y apoyado
tanto por los dos partidos políticos principales como por todas las
ramas del gobierno y ha seguido una trayectoria ascendente por medio de guerras
imperiales, conquistas coloniales y expansión de las CMN, en particular
desde la derrota en las guerras de Indochina. Las derrotas imperiales y los
momentos de declive son el resultado directo de luchas políticas,
sociales y militares - la mayor parte de las cuales han ocurrido en América
Latina y Asia, y en menor grado en Europa y Norteamérica.
Existen pocas
dudas de que el imperio económico global estadounidense ha tenido
desde hace mucho tiempo y a gran escala una relación positiva con
el imperio militar estadounidense. EEUU tiene bases militares en 120 países
que forman el corazón del imperio militar. El militarismo estadounidense,
que implica guerras, intervenciones interpuestas utilizando mercenarios,
combatientes contratados, fuerzas especiales y operaciones de inteligencia
encubiertas ha creado, en muchas regiones del mundo durante un prolongado
período de tiempo, condiciones favorables para la expansión
del imperio económico estadounidense. Los regímenes que imponen
restricciones o excluyen la inversión extranjera estadounidense, rehúsan
pagar deudas a los bancos estadounidenses, nacionalizan las propiedades estadounidenses
de ultramar o apoyan a los movimientos nacionalistas han sido amenazados hasta
la sumisión, derribados o invadidos, resultando en la imposición
de regímenes cliente favorables a la construcción del imperio
estadounidense. No hay ninguna secuencia exacta entre la expansión
económica y la acción militar aunque haya una superposición
enorme de vínculos. En algunos casos, los intereses económicos
dictan las bases militares o la intervención de la CIA (como fue el
caso de Chile en 1973); en otros casos la acción militar, incluyendo
guerras, fuerzan a países o regiones a rendirse a la construcción
imperial (como en el caso de Irak en 2003).
Tampoco hay
una "simetría perfecta" entre la intervención y el gasto militar
imperial y la construcción del imperio económico. A veces la
intervención militar va "rezagada" respecto a la expansión
de las multinacionales estadounidenses, como ocurrió a mediados de
los años 1950 hasta principios de los 1960 y más tarde entre
el final de las guerras de Indochina y principios de los años 1980.
En otros momentos ocurre al revés, y la participación militar
domina los planes político económicos como sucedió durante
la guerra de Corea (1950-53), la guerra de Indochina (1965-1974), la era
de Reagan (1981-1989) y hoy (2001-?). El "movimiento" y la "construcción"
del edificio imperial no siguen una línea recta de simetría
perfecta entre los componentes económicos y militares. El énfasis
periódico, desproporcionado, de uno u otro no conduce a la muerte
del imperio, como queda de manifiesto tras una revisión del último
medio siglo de imperio estadounidense.
La noción
de un imperio "sobre-extendido" es una pieza de especulación no histórica
que asume que la construcción del imperio debe seguir una especie
de "modelo ideal" donde los gastos militares y los beneficios económicos
van de la mano. Esto es falso por varios motivos: los beneficios de la construcción
del imperio van a la elite corporativa de ultramar y doméstica, los
gastos son pagados por los contribuyentes estadounidenses y las familias
de bajos ingresos que proporcionan los soldados para la ocupación
y el combate. Además lo que parecen ser "desproporciones" económico-militares
durante un período conducen al "equilibrio" en el siguiente. Por ejemplo
los gastos militares estadounidenses de la guerra fría y las intervenciones
contribuyeron a la caída de los regímenes comunistas lo que
más tarde llevó a una lluvia de ganancias, mano de obra barata
y lucrativa explotación de los recursos minerales en los países
ex-comunistas y sus aliados así como a la reducción de programas
de asistencia social en Occidente. Para argumentar que el "exceso" de imperialismo
militar perjudica a la construcción del imperio económico,
es necesario especificar si el alcance y la profundidad del control de las
CMN estadounidenses sobre la economía mundial ha declinado, si el
acceso a materiales estratégicos ha disminuido, y si los ciudadanos
estadounidenses rechazan sufrir los recortes sociales, las cargas fiscales
regresivas y las asignaciones presupuestarias que sostienen la construcción
del imperio.
La tesis de
la "sobre-extensión" del imperio militar estadounidense pasa por alto
la capacidad de los constructores del imperio estadounidense para reclutar
aliados subordinados y estados-cliente para que acepten sus deberes policiales,
administrativos y financieros al servicio del imperio estadounidense. En
los Balcanes, los europeos tienen más de 40.000 soldados que sirven
bajo las órdenes de la OTAN controlada por EEUU. En Afganistán,
fuerzas militares europeas, personal administrativo de Naciones Unidas y
un número estados cliente del Tercer Mundo proporcionan el personal
para salvaguardar el régimen marioneta de Karzai designado por EEUU.
En Irak, aliados subordinados como Gran Bretaña y estados vasallos
como Polonia y otros clientes de Europa del Este suministran auxiliares militares
y civiles para hacer cumplir el dominio colonial estadounidense. La creación
de estados-cliente en Europa del Este a gran escala y desde hace tiempo remontándose
al menos a los años 1980 con Solidaridad en Polonia, proporciona un
vasto depósito de apoyo político y diplomático y ejércitos
mercenarios para el impulso actual de construcción imperial. Enormes
bases aéreas y plataformas para despliegue de tropas se están
construyendo actualmente en Rumania y Bulgaria a añadir a las de Kosovo
y Macedonia. Los constructores del imperio estadounidense han echado a los
rusos de Asia Central y Asia del Sur, construyendo bases aéreas en
Kazajstán, Uzbekistán, Georgia y Afganistán. El reclutamiento
de regímenes-cliente desde el Báltico a Oriente Medio, Asia
Central y Asia del Sur demuestra el rápido crecimiento del imperio
militar estadounidense y las consiguientes nuevas oportunidades de las CMN
estadounidenses para la expansión del imperio económico. Este
imperio extendido ha llevado a la formación de alianzas regionales
dominadas por el imperio que proporcionarán nuevos reclutas militares
para sostener y consolidar el imperio en expansión. En vez de ver
la construcción del imperio estadounidense como un proceso de "sobre-extensión"
debería ser visto como un proceso de ensanchar el depósito
de nuevos reclutas que reforzarán el mando militar estadounidense.
El poder estadounidense ha aprendido a desechar la participación en
el poder multilateral de sus competidores-aliados imperiales europeos, favoreciendo
la subcontratación de la ocupación militar y funciones policiales
a los nuevos clientes de Europa Oriental, Asia Central y Asia del Sur.
Durante todo
el crecimiento y la expansión del imperio estadounidense, la Unión
Europea le ha seguido en pos de sus conquistas, financiando y proporcionando
administradores militares y civiles. El breve interludio de desacuerdo alemán,
francés y belga, antes de la invasión estadounidense de Irak
fue seguido del servilismo casi total hacia la política imperial estadounidense
- demandas belicosas e impertinentes y ataques a Irán, Corea del Norte
y Cuba; compromisos para seguir las pautas de EEUU en el despliegue de una
fuerza militar rápida; respaldo para la ocupación de Irak por
los EEUU (Resolución 1483 del Consejo de Seguridad) y de modo más
general un reconocimiento de que, según palabras del sumiso Ministro
de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, Javier Solana, "No queremos
competir con Estados Unidos - sería absolutamente ridículo
– sinó ver el problema conjuntamente." La Unión Europea acepta
su papel (según lo definieron Rumsfeld o Wolfowitz) como un aliado
subordinado del impulso estadounidense para la dominación mundial,
procurando asegurarse un lugar en la artesa económica y el poder delegado
y participaciones menores en cualquiera de los contratos y empresas privatizadas.
Aquellos teóricos imperiales que abogaron por incrementar la independencia
europea y la competencia para debilitar el imperio estadounidense deberían
leer a Romano Prodi, Presidente de la Comisión Europea, que en una
declaración de prensa en Washington durante junio de 2003 dijo, "Cuando
Europa y EEUU están unidos, ningún problema o enemigo puede
afrontarnos; si no estamos juntos cualquier problema puede convertirse en
una crisis". Prodi y Solana representan el nuevo pensamiento de Europa: mejor
colaborar con un imperialismo victorioso y asegurarse ventajas menores que
ser castigado, intimidado y excluido de las nuevas colonias. Los constructores
del imperio estadounidense dan la bienvenida al nuevo pensamiento y lo animan,
teniendo en cuenta la promesa de la Unión Europea de ayudar a sufragar
los gastos iniciales de ocupación y construcción del estado
colonial sin desafiar la supremacía estadounidense.
Hasta la fecha,
incluida la fase actual de guerras estadounidenses de conquista imperial,
no existen signos de que el militarismo global esté erosionando la
construcción del imperio económico estadounidense. Las CMN
estadounidenses siguen dominando la banca, fabricación, IT, industrias
farmacéuticas, petróleo y gas. La invasión iraquí
ha reforzado el control y acceso de los estadounidenses a las segundas mayores
reservas de petróleo y gas del mundo. En tercer lugar, no existe una
inminente rebelión popular ni un rechazo ciudadano a la construcción
imperial. En medio de la conquista colonial, más de la tercera parte
de los ciudadanos estadounidenses - la proporción más alta
del mundo - dicen estar "muy orgullosos de su país"; más de
ocho de cada diez personas apoyan la invasión de Irak aún cuando
es público y notorio que la justificación del Presidente Bush
para la guerra - eliminar las armas de destrucción masiva – se ha demostrado
que es una pura fabricación. A pesar de la reducción de impuestos
más regresiva de la historia reciente, el recorte a gran escala de
los gastos sociales y el enorme déficit presupuestario, los ciudadanos
de EEUU no muestran ningún signo de protesta de masas. El movimiento
pacifista de enero-febrero de 2003, desapareció casi completamente
tras el éxito de la conquista militar y la ocupación de Irak.
En resumen, la extensión de la actividad militar desde los Balcanes
pasando por Oriente Medio hasta el Sur de Asia no ha afectado desfavorablemente
a la posición económica internacional de las CMN estadounidenses,
ni ha minado el apoyo político doméstico a los arquitectos
del imperio.
Mientras el
imperio prospera y proliferan las bases militares estadounidenses, la "república",
la economía dentro de las fronteras territoriales de EEUU declina,
su sociedad de clases se hace más polarizada, su política se
hace más represiva.
Hay dos "economías"
y actividades estatales distintas pero interrelacionadas en EEUU, el imperio
que encapsula el mundo de las multinacionales, el aparato global militar
y las instituciones financieras internacionales vinculadas al estado imperial;
y la república que son la economía, las instituciones
estatales y las clases sociales localizadas en los EEUU, que proporcionan
los soldados, directivos, impuestos y mercados que sostienen el imperio.
El crecimiento del imperio ha empobrecido la economía doméstica
visiblemente y de muchas maneras, mientras se enriquecen los presidentes
(y sus amplios séquitos) que se benefician de, y dirigen, las actividades
exteriores de las CMN. Los constructores del imperio estadounidense han añadido
más de 100 mil millones de dólares a los gastos militares para
financiar las guerras de Irak y Afganistán, recortando los gastos
de los programas de sanidad, educación y sociales. Hay actualmente
más de 50 millones de ciudadanos estadounidenses sin ninguna cobertura
de salud, otros 50 millones con cobertura parcial e inadecuada y muchos millones
más que gastan hasta un tercio de sus ingresos netos para obtener
una cobertura médica adecuada.
Los fondos de
pensiones y seguridad social se vaciaron para cubrir los gastos corrientes
e impedir que el déficit presupuestario se hinchara fuera de control.
La financiación del imperialismo ha llevado a un déficit presupuestario
estimado de 400 mil millones de dólares en 2003 que puede aumentar
cuando la ocupación militar de Irak llegue al menos a 80 mil millones
de dólares. La producción doméstica industrial, en particular
la industria automovilística ha visto como caía bruscamente
el margen de beneficios, como la Ford ha sufrido unas pérdidas de
varios miles de millones de dólares mientras la mayoría de
fabricantes estadounidenses han invertido dinero en el extranjero o han subcontratado
a trabajadores locales en América Latina y Asia. El resultado es que
las filiales de las CMN estadounidense han capturado una parte importante
de las exportaciones de China al mercado de EEUU, pero han aumentado el déficit
externo estadounidense durante 2003 que ha llegado a 500 mil millones de
dólares y sigue subiendo. Los grandes beneficios obtenidos por las
CMN reubicadas en todas partes de las nuevas economías coloniales
y semicoloniales de Asia y América Latina refuerzan las instituciones
imperiales mientras debilitan la economía doméstica, la financiación
de su presupuesto y sus cuentas exteriores.
Los "gastos
insoportables de la dominación global" (financiero Felix Rohatyn)
son de verdad "soportables" - no hay ninguna rebelión de masas a pesar
del aumento de desigualdades, disminución del nivel de vida, exhaustos
o inexistentes servicios sociales, ampliaciones de jornada laboral, cuotas
individuales más altas para servicios sanitarios y fondos de pensiones,
y corrupción generalizada y fraude - escándalos que roban a
millones de inversores y pensionistas estadounidenses sus ahorros y fondos
de pensiones. El crecimiento del paro sobrepasa ahora el 10% en 2003 incluyendo
a aquellos que ya no se registran.
Los constructores
imperiales gastan sumas enormes para conquistar el mundo basándose
en argumentos fabricados. Aterrorizan a la población con visiones
paranoicas de ataques inminentes, en búsqueda de guerras infinitas,
conquista mundial y horrorosas matanzas de gente indefensa. Patrocinan o
protegen a los terroristas de ántrax domésticos que aterraron
a la población de EEUU y sirvieron para justificar el terrorismo estatal
estadounidense. En general la gran mayoría de la población de
los EEUU "se repantigó y observó" (Harold Pinter) o aún
peor se enorgulleció y sintió placer vicario al identificarse
con los turbulentos ejércitos victoriosos. Mientras que las principales
ciudades estadounidenses están en bancarrota o tremendamente endeudadas,
el Gobierno Federal gasta miles de millones en subsidiar a las elites agro
exportadoras con la cantinela de 180 mil millones de dólares en 10
años, entregando a gigantescas CMN contratistas (Halliburton) con
vínculos cercanos a los constructores imperiales lucrativos contratos
de miles millones de dólares, mientras gastan miles de millones para
subvencionar a ejércitos mercenarios en Afganistán, Irak y
Colombia. En medio del estancamiento doméstico, los constructores
imperiales conceden enormes recortes de impuestos a la elite corporativa
– aquellos que con toda probabilidad van a invertir en las CMN que operan
en el extranjero
Para atraer
miles de millones de dólares de inversores extranjeros, el estado
imperial permite que los bancos multinacionales estadounidenses laven decenas
de miles de millones de dólares de fondos ilícitos, de multimillonarios
evasores de impuestos, banqueros corruptos y funcionarios políticos
de la elite de América Latina, China, África y otras partes
(Congreso estadounidense). Los fondos para sostener el imperio están
basados en parte en la corrupción generalizada de los clientes del
exterior que "invierten" en la economía de EEUU abriendo sus países
al pillaje imperial. Sin embargo el declive de la economía de la república
ya no atrae altos niveles de "inversión extranjera" a medida que el
dólar se debilita y merman las oportunidades lucrativas. La inversión
directa extranjera ha disminuido de 300 mil millones de dólares en
el 2000 a 50 mil millones de dólares en el 2002. La república
necesita 2,7 mil millones de dólares diarios en aportaciones de capital
para financiar el déficit externo. La respuesta al reforzamiento del
imperio y debilitamiento de la república es mayores sacrificios sociales
en casa, más proteccionismo, mayores transferencias de ganancias y
pagos de intereses desde América Latina y otras regiones neocoloniales,
más cruzadas moralistas, campañas en medios de comunicación
más poderosas, mentiras oficiales aún más ostensibles
y nuevas guerras para recargar el infinito suministro de jugos chovinistas.
El gran timo
corporativo con cargo a millones de inversores y pensionistas estadounidenses
enriqueció a los presidentes y financió la expansión
de las CMN en el extranjero. La corrupción no es una anomalía
de presidentes descarriados – es un rasgo estructural de la construcción
imperial estadounidense tanto en el extranjero como en casa.
A pesar de las
ocasionales críticas de líderes europeos y de la disensión
inconsecuente dentro de la legislatura de la "república", el régimen
de Bush ha ampliado enormemente la construcción imperial sobre las
bases políticas y militares y las redes de sus predecesores en particular
la presidencia de Clinton. Los constructores imperiales durante el gobierno
de Clinton expandieron el imperio militar desde el Báltico a los Balcanes
y más allá, hasta la ocupación parcial de Irak. Los
militaristas de Bush extendieron el imperio militar estadounidense a la conquista
de Irak, Cáucaso, Asia Central, a Afganistán y Sudeste Asia,
un enorme archipiélago de bases aéreas, zonas de aprovisionamiento
militar y fortalezas desde las que atacar y conquistar toda la hilera del
sur de Asia, hasta e incluyendo Corea del Norte. En Oriente Medio, Bush anuncia
'una zona de libre comercio' – del Norte de África a Arabia Saudita,
incluyendo Israel - controlada por los EEUU. Nunca ha crecido tanto el imperio
militar estadounidense, ni con tal rapidez y facilidad - haciendo de los
comentarios sobre el "declive del Imperio" charla ociosa o ejercicios auto
indulgentes de “curación por la fe”
No hay duda
de que ciertos sectores económicos han padecido la propaganda histérica
"antiterrorista" del imperio diseñada para asegurarse el apoyo del
público a las guerras y conquistas imperiales. Los sectores adversamente
afectados incluyen los de las industrias aeronáuticas civiles, turismo,
y actividades relacionadas del sector servicios. Sin embargo las subvenciones
estatales a gran escala y los préstamos sin interés han amortiguado
los efectos para el sector corporativo.
Factores sistémicos
impulsan la construcción imperial en nuestro tiempo, reforzados por
el extremismo ideológico. Las tentativas simplistas para explicar
la guerra mediante referencias a la influencia del complejo militar-industrial
no tienen en cuenta la disminución relativa en las clasificaciones
del espacio aéreo principal y el sector de defensa en 2001-2002 entre
las 500 primeras firmas. Hoy las conquistas imperiales están basadas
en el impulso para conquistar el mundo y para abrir oportunidades futuras
para las CMN estadounidenses - el imperio militar está diseñado
para asegurar el futuro acceso a la riqueza, no para generarlo en el proceso
de conquista; la guerra y la red de satélites militares están
diseñados para crear una red mundial que facilite el monopolio de
las ganancias por medio de dirigentes-cliente dispuestos a ofrecer los derechos
de explotación a las CMN estadounidenses.
"La construcción
imperial no es ninguna fiesta", me dijo una vez un coronel retirado de los
Marines de EEUU, refiriéndose a las sistemáticas violaciones
de derechos humanos que acompañan a las guerras y conquistas imperiales.
Nada capta la deliberada, planeada, violenta conquista y brutal ocupación
incrustadas en la construcción imperial estadounidense, como la oposición
de EEUU a la Corte Penal Internacional y el corrompido retorcer de brazos
que ha forzado a más de 50 países a firmar pactos bilaterales
que proporcionan impunidad al personal militar estadounidense. Pero no es
la naturaleza inhumana de las guerras imperiales, ni las gruesas violaciones
de la Ley internacional, ni la fabricación de provocaciones para justificar
la conquista colonial lo que causa grietas en el bloque de poder dirigente
(políticos y élite corporativa) sinó las relaciones
entre gobernantes constructores militares imperiales y constructores económicos
imperiales sobre el mejor modo de construir el imperio y consolidar la autoridad
sin minar la capacidad de la república para financiar el estado
imperial.
Hay varios niveles
en los que ocurre la lucha inter-elite sobre la construcción imperial.
El primer y más general tema de debate es la cuestión sobre
la relación de los militaristas y los constructores corporativos imperiales.
Aunque ambos comparten una visión común de un "imperio dominante
estadounidense ", discrepan (al menos algunos) sobre el grado de "autonomía"
con el que actúan los militaristas – elaborando a veces estrategias
militares que se concentran en la conquista más que en los costes
y beneficios económicos. Las exitosas conquistas militares han aumentado
el poder e independencia de los militaristas para dar forma a la estratégica
estrategia global por encima y en contra de algunas preocupaciones de los
constructores económicos imperiales del sector privado.
La segunda cuestión
son las distorsiones en la construcción imperial estadounidense generadas
por estrategas clave del imperio debido a sus vínculos con el sionismo
y la influencia que esto tiene en la conformación de la política
imperial en Oriente Medio y más allá. Sionistas como Wolfowitz,
Feith, Perle y una multitud de otros arquitectos de la estrategia de conquista
global, siguiendo la política israelí, dirigen la política
estadounidense hacia la destrucción de los adversarios árabes
de Israel en todo Oriente Medio, incluso cuando son factibles acercamientos
"negociados" a la expansión del imperio estadounidense. Este es claramente
el caso de Irán y Siria, a pesar de la aparición de movimientos
políticos liberales pro-estadounidenses y personalidades que siguen
métodos no violentos.
Igualmente dañino,
a los ojos de militares convencionales y estrategas de inteligencia, los
constructores imperiales sionistas han proyectado el punto de vista paranoide
de la política israelí - un mundo lleno de enemigos, Europeos
en los que no se puede confiar, gente del Tercer Mundo como terroristas potenciales.
Sionistas influyentes como Richard Perle siguen los preceptos de uno de los
infames políticos-militares israelíes (Moshe Dayan) "los Árabes
sólo entienden (el lenguaje de) la fuerza". Mientras la "filosofía"
sionista-israelí es bastante mortífera en Oriente Medio, sus
exponentes en Washington tienen el poder global y la capacidad para ponerla
en práctica a escala mundial. La visión mundial israelí
de guerras "preventivas", "colonización", ocupación, castigo
colectivo, y empleo unilateral de fuerza a despecho de la ley internacional
han sido adaptados por los militaristas estadounidenses que tienen vínculos
permanentes desde hace mucho tiempo con Israel y han convertido las prácticas
israelíes en la guía doctrinal para la construcción
imperial.
El resultado
del "sesgo sionista" en la construcción estratégica imperial
estadounidense ha generado varios puntos de conflicto en el seno de la elite
imperial: entre los constructores imperiales económicos que buscan
alianzas con dirigentes árabes del petróleo para ampliar su
dominio; entre la elite profesional de militares y agencias de inteligencia
estadounidenses que han sido castigados y marginados por los sionistas por
no proporcionar la inteligencia "correcta" para justificar las guerras de
destrucción de los enemigos de Israel. Esto llevó al Subsecretario
de Defensa Paul Wolfowitz a formar una estructura de inteligencia paralela
compatible con la política sionista para "destruir a los enemigos
de Israel". Este falso grupo de inteligencia que se autodenomina "trama"
no es tanto una agencia de inteligencia para recabar información fiable
como una agencia de propaganda para fabricar "informes" que justifiquen la
política predeterminada de guerra basada en la visión mundial
israelí.
El tercer nivel
de conflicto está entre Rumsfeld, el Secretario de Defensa, y los
profesionales militares y de inteligencia. Rumsfeld, como figura clave implicada
en el proceso de construcción militar imperial, ha estado enérgicamente
dedicado a concentrar poder en sus manos y las de su círculo personal
dirigido por Wolfowitz, Perle, Boulton y otros militaristas extremistas.
Rumsfeld ha pasado por encima de los profesionales del Pentágono sobre
la reorganización de las fuerzas armadas, la obtención de armas,
la estrategia de guerra y las operaciones de inteligencia. Ha promocionado
a oficiales militares leales sobre aquellos con mayor antigüedad y experiencia
militar, y ha humillado a los que expresan el más leve desacuerdo.
Su comportamiento tiránico hacia altos oficiales militares es su método
de sofocar cualquier desacuerdo en la elite.
Sus subordinados
más leales y sus consejeros influyentes son aquellos que se adhieren
a su estrategia extremista de construcción militar imperial: guerras
secuenciales que se superponen y se combinan con programas mundiales terroristas
encubiertos de asesinato. No hay duda de que Rumsfeld ha sido la figura que
controló la formulación y ejecución de la estrategia
de conquista mundial militar - una estrategia imperial que se parece íntimamente
a la de la Alemania nazi. La concentración de poder de Rumsfeld dentro
de la elite imperial y la hostilidad hacia los profesionales fue expresada
dramáticamente con su nombramiento del General retirado Schoomaker,
antiguo comandante de las Fuerzas Especiales "Delta", que me fue descrito
por oficiales mayores militares en el cuartel general de Delta en Fort Bragg
como una colección de "psicópatas entrenados para asesinar".
Claramente el general ex-Delta fue seleccionado precisamente porque su perfil
ideológico y conductal encaja con las propias tendencias Nazis de
Rumsfeld.
Las primeras
diferencias importantes y conflictos internos entre Rumsfeld y las jerarquías
militares/inteligencia surgieron después de la guerra iraquí
sobre la cuestión de la inexistencia de armas de destrucción
masiva (WMD) en Irak. Como las WMD fueron la justificación principal
para la guerra según la Administración de Bush, esto provocó
debate en los medios de comunicación y entre algunos miembros del
congreso. El conflicto inter-elite afloró cuando los "profesionales"
del ejercito y de las agencias de inteligencia filtraron informes e hicieron
declaraciones que cuestionaban las alegaciones de Rumsfeld en la carrera
a la guerra. Claramente los "profesionales" esperaban señalar a Rumsfeld
y al círculo de "inteligencia" personal como responsables de "cocinar
los datos" para justificar los planes de guerra de Rumsfeld-Wolfowitz. En
breve la intensidad de la lucha inter-elite por el poder burocrático
había alcanzado el punto en el cual los profesionales pro-imperio
estaban dispuestos a poner en cuestión una acertada guerra imperialista
por verse libres de un tirano burócrata que sentían ponía
en peligro la construcción imperial para llevar adelante su estrecho
poder personal dentro del aparato del estado imperial. Sin embargo los militaristas
con la ayuda del Congreso y los medios de comunicación fueron capaces
de enterrar la cuestión – e incluso tuvieron éxito para lograr
apoyo público a la guerra.
La cuarta cuestión
en debate en el seno de la elite imperial gobernante es el conflicto de relaciones
entre los constructores militares y económicos del imperio. Los últimos
ven claramente la acción militar como los medios para el fin
- un imperio económico estadounidense dominante. Para los imperialistas
militares, la definición militar de la conquista mundial se ha convertido
en el objetivo estratégico, que si se asume redundará eventualmente
en beneficio de los constructores económicos imperiales. Esto conduce
a que críticos e ideólogos entre algunos constructores económicos
imperiales cuestionen el conocimiento que tienen los militaristas sobre los
gastos económicos – a corto y largo plazo - de una política
indiscriminada de intervención militar y guerras permanentes. Esto
puede convertirse en un debate importante sobre los métodos
de construir el imperio, pero no sobre el imperio mismo que ambos apoyan.
A este debate hay que añadir la disputa sobre el "compadreo económico"
que aflige a los militaristas. Entregan lucrativos contratos de posguerra
a las CMN favorecidas que están vinculadas a la pandilla de Rumsfeld-Cheney-Bush
mientras ignoran las peticiones de otros sectores corporativos.
Sin embargo
estas disputas entre capitalistas y constructores militares del imperio son
claramente secundarias a los poderosos intereses y política que los
une. A pesar de las preocupaciones ocasionales y actuales expresadas por
algunos capitalistas sobre la política de guerra imperialista, la
clase capitalista, en particular las CMN son poderosos partidarios de la
construcción imperial de Bush-Rumsfeld.
Hay al menos ocho razones por las que las CMN apoyan a la Administración de Bush a pesar de ciertas dudas de capitalistas aislados acerca de la doctrina neonazi de guerra permanente. Aunque algunos editorialistas de la prensa financiera y capitalistas aislados han criticado los déficits presupuestarios del régimen de Bush, la debilidad del dólar y los crecientes déficits de cuentas exteriores, la mayoría de la clase capitalista sigue proporcionando firme apoyo a la construcción imperial del régimen de Bush por motivos muy concretos. El régimen de Bush ha rechazado todos los tratados internacionales, incluyendo el acuerdo Kyoto, que impone controles medioambientales a la industria, bajando así los costes de producción a firmas estadounidenses. En segundo lugar la Administración de Bush proporciona miles de millones en subvenciones a la exportación en particular a grandes firmas exportadoras agrícolas, aumentando de este modo sus cuotas de mercado, su "competitividad" y sus ganancias.
En tercer lugar
la Administración de Bush concede medidas proteccionistas a más
de 200 productos, afectando a decenas de miles de productores no competitivos
que venden en el mercado ("doméstico") de la república y de
este modo bloquean o limitan la entrada de competidores más eficientes.
En quinto lugar el régimen de Bush ha rebajado los impuestos a toda
la clase capitalista – beneficiando a los presidentes de las CMN y a los
capitalistas que operan en la "república", incrementando así
las ganancias por dividendos, plusvalías y salarios. En sexto lugar
la Administración de Bush en gran parte ha tolerado (o ha participado
en) el encubrimiento de corrupción, fraude y graves delitos de auditoría
en la mayor parte de las principales CMN y bancos, por miles millones de dólares.
Séptimo el régimen sigue tolerando normativas bancarias negligentes,
promoviendo de hecho el lavado de dinero de miles de millones de dólares
por bancos multinacionales estadounidenses. Y octavo la Administración
de Bush ha rechazado aumentar el salario mínimo y ha seguido un plan
anti-trabajo, bajando los costes de la mano de obra para grupos de negocios
grandes y pequeños dedicados a las fábricas donde se explota
al obrero y al sector servicios.
Estas y otras
políticas similares proporcionan las bases económicas para
acoplamientos estructurales a largo plazo y gran escala entre la Administración
Bush y la clase capitalista en su totalidad. Esto explica por qué
hay colaboración íntima entre los constructores económicos
y militares del imperio, entre los constructores militares del imperio y
la clase negociante que funciona en la república. El ‘trato’ (¡si
es que necesita haber uno!) conlleva compensaciones financieras económicas
estatales a la elite local de negocios a cambio del apoyo político
y financiero de la clase capitalista a los constructores militares del imperio.
Lo que permite
a los constructores militares del imperio estadounidense proseguir en su
búsqueda de la conquista mundial, a pesar de la crítica inconsecuente
y momentánea de sus aliados europeos es el saber que cuentan con el
apoyo sólido de Wall Street y "Main Street" (capitalistas que producen
para el mercado interior de la república). Además el poder exterior
y los vínculos corporativos de las CMN y bancos estadounidense con
sus colegas europeos han debilitado la determinación europea para
desafiar la supremacía estadounidense y vigorizaron los regímenes
de derechas de Berlusconi y Aznar en Italia y España.
La construcción
imperial estadounidense no proporciona compensaciones económicas a
los trabajadores, empleados, pequeños agricultores y pequeños
negocios del imperio. Su apoyo al imperio se basa en el consumo de propaganda
estatal en los medios de comunicación, la gratificación simbólica
de formar parte de una 'potencia mundial' victoriosa y una actitud servil
hacia la autoridad estatal establecida. La falta de un partido o movimiento
de izquierdas creíble mina aún más la oposición
popular. Incluso peor, los que pasan por ser diarios izquierdistas o progresistas
o intelectuales estuvieron en gran parte apoyando las guerras de EEUU contra
Yugoslavia, Afganistán y en menor grado Irak.
Lo que aún cuenta más, la gran mayoría de los intelectuales de la izquierda estadounidense se unieron al coro de Bush para atacar a Cuba respecto a la ejecución de terroristas cubanos y el encarcelamiento de los agitadores financiados por EEUU.
Los movimientos
"progresistas" y los periódicos estadounidenses, salvo pocas y notables
excepciones, jamás han mostrado solidaridad con movimientos de resistencia
anticolonial presentes o pasados, luchas nacionales de liberación
o regímenes revolucionarios – ya fueran el Frente Nacional de liberación
en Vietnam, la resistencia Iraquí o la revolución Cubana. La
mayor parte de la oposición estadounidense es legalista (según
la ley constitucional), y moralizadora (según los preceptos universales)
divorciada de cualesquiera ejemplos prácticos, y aún menos
de prácticas revolucionarias del Tercer Mundo.
El estado, los
medios de comunicación y el mundo corporativo animan el compromiso
estúpido, pasivo de los espectáculos de masas que crean una
"identificación" apolítica (deportes y héroes y heroínas
de culebrón) y refuerza la visión imperial de un mundo de "buenos"
y "malos", donde los "tipos buenos" derrotan a los "malvados" por medio de
la violencia y la destrucción
A medida que
crece el imperio, desaparece la financiación de pensiones corporativas,
los gastos médicos y farmacéuticos se ponen por las nubes y
el paro y la pobreza crecen más allá de las falseadas estadísticas
oficiales. A julio del 2003, la tasa oficial de paro era del 6,5% - la no
oficial ascendía casi al doble. La construcción imperial no
crea una "aristocracia laboral" que comparta las migajas de Imperio - al
menos si excluimos a los varios miles de cuadros sindicales que negocian
cientos de miles de dólares en salarios anuales, pensiones e indemnizaciones
aunque el porcentaje de afiliados cotizantes en el sector privado es el 9%
de la mano de obra. Las desigualdades aumentan: la relación entre
los ingresos de un director general y un obrero ha subido desde el 80 a 1
de hace veinticinco años al 450 a 1 de hoy, y sigue aumentando. Los
trabajadores estadounidenses tienen menos tiempo de vacaciones (de promedio
tres veces menos que los trabajadores europeos), vida laboral más
larga, impuestos más regresivos y ninguna representación en
el sistema político, porque los dos partidos dominantes están
controlados por los constructores imperiales.
Las pérdidas objetivas de la clase trabajadora
no han llevado a ninguna oposición significativa a la construcción
imperial excepto entre los negros - que se opusieron a la guerra iraquí
en buen número. El declive del estado de bienestar y la transferencia
de riqueza hacia arriba sirve para financiar la construcción imperial
(el fin de la guerra fría fue un "dividendo imperial"). La corrupción
corporativa a gran escala en una economía especulativa estancada y
el paro creciente han acompañado un dramático giro a la derecha
de la política imperial. Ha habido un aumento de los delitos corporativos,
chovinismo nacional y extensión de la ideología de supervivencia
individual. Minorías en paro y poco instruidas deciden enrolarse en
el ejército imperial, mientras muchos trabajadores blancos pobres
manifiestan su hostilidad a los Musulmanes, Árabes y pueblos del Oriente
Medio. Los abundantes líderes de las principales organizaciones judías
dan su apoyo incondicional al carnicero Sharon y sus colegas ideológicos
en el régimen de Bush mientras éstos planean nuevas guerras
imperiales apuntando a Irán en particular. Entre tanto la “progresía”
estadounidense comienza una vez más su esfuerzo perenne y vano para
transformar el partido demócrata pro imperial en un partido demócrata
de la república.
No existen en
EEUU desafíos importantes al imperio, al menos en el futuro previsible,
ni de capitalistas disidentes (debido al creciente vacío entre el
imperio y la república), ni de la clase trabajadora. La amenaza principal
al imperio viene de afuera, de las luchas de masas existentes en el Tercer
Mundo, principalmente América Latina, Oriente Medio y Asia.
Imperialismo y América Latina
En ninguna parte del mundo contemporáneo han sido las
relaciones económicas entre el imperio y los regímenes del
Tercer Mundo tan unilaterales - tan beneficiosas para los Estados Unidos
y Europa y tan perjudiciales como en América Latina. Al debatir sobre
las relaciones imperio-estado cliente es importante establecer una periodización,
que distingue los grados de dominación y control, la clase específica
de colaboradores del imperio, y lo que es más importante, identifica
las distintas formas de construcción imperial del último cuarto
de siglo.
Hablar de imperialismo como "500 años de explotación
y dominación" es a la vez verdadero en términos generales
y expresamente engañoso. Aunque los constructores imperiales
europeos y estadounidenses han explotado a muchos de los países de
América Latina la mayor parte del tiempo durante más de medio
milenio, también es cierto que los movimientos populares latinoamericanos,
regímenes nacionalistas y socialistas han modificado o han transformado
considerablemente sus relaciones con el imperio en diferentes momentos. El
imperialismo está basado en relaciones de clase y estatales que por
su naturaleza implican conflictos, confrontaciones y conquistas, revoluciones,
contra-revoluciones y transformaciones.
En la historia reciente, los regímenes nacional-populistas
desde los años 1930 a los 1960 tuvieron éxito al transformar
parcialmente América Latina desde una economía basada en la
exportación de materias primas a una economía urbana industrial
diversificada produciendo para el mercado interior. Desde los años
1970 hasta el presente la contrarrevolución dirigida por el imperio
(dirigida por el estado imperial de EEUU y el IFI) en alianza con capitalistas
transnacionales latinoamericanos (sectores del capital vinculados a redes
internacionales financieras, comerciales y de comercialización) impusieron
un modelo "neoliberal" por medio de regímenes clientes. Hacia finales
de los años 1990, el Imperio, habiendo tomado el dominio de los sectores
estratégicos y dinámicos de la economía y consolidado
control sobre una clase política cliente, lanzó la transición
hacia la recolonización de la región, llamando al proceso "Área
de Comercio Libre de las Américas". El proceso de recolonización
está bastante avanzado, sostenido por líderes tradicionales
de derechas y reclutamiento de nuevos dirigentes clientes entre las filas
de los izquierdistas renegados y populistas de América Latina.
Resumiendo podemos identificar tres períodos distintos
de relaciones imperio-cliente. El período 1930-60 de dominación
imperial relativamente limitada estaba basado en el eclipse (no el
desplazamiento) de las clases de colaborador liberal agro-mineral, y la emergencia
y expansión del estado nacional y empresas privadas industriales,
comercio exterior y regímenes de control de divisas y bancos nacionales.
El período 1970-95 incluyó la privatización masiva
de empresas públicas y la desnacionalización de bancos, industrias,
telecomunicaciones, servicios de energía estratégicos etc...
La tercera fase (período actual) conlleva la transformación
de las conquistas económicas estratégicas en un nuevo régimen
político legal - la Comisión ALCA - que confiere a los constructores
imperiales estadounidenses el gobierno formal de la región.
Construcción
imperial: Fase I
La transición
del nacional populismo al neoliberalismo se consumó con conflictos
violentos, golpes militares, masacres, exilios forzados, y el establecimiento
de un aparato estatal (militares y policía) leal al imperio y una
clase política de cómplices bien dispuestos hacia el gobierno
imperial. Los constructores imperiales y gobernantes clientes, tanto militares
como civiles, abrieron inmediatamente la región a una invasión
masiva de especuladores y corporaciones multinacionales estadounidenses y
europeas.
La construcción
del imperio económico se hizo posible mediante los constructores militares
del imperio que directa e indirectamente intervinieron para reprimir, desarticular
y fragmentar la oposición popular. Los golpes militares en Brasil
(1964), Bolivia (1971), Chile (1973), Argentina (1976) y golpes militares
civiles en Uruguay (1972), y Perú (1993) crearon el marco político
y los acuerdos internacionales con el IFI que dieron la vuelta al proyecto
de industrialización nacional y abrieron América Latina a la
conquista por las corporaciones multinacionales estadounidenses y europeas.
A mediados de
los años 1980 bajo la presión de las masas los EEUU acordaron
una "transición negociada" de militares a gobierno de elite electoral
política autoritaria, salvaguardando el marco económico "neoliberal"
para impulsar la expansión del imperio económico. Entre mediados
de los años 1980 hasta 2000, los imperios económicos se expandieron
– tanto el Europeo (mayormente español) como el estadounidense, a
medida que cayeron las barreras comerciales y las materias primas estadounidenses,
de la Unión Europea y asiáticas inundaron los mercados Latinoamericanos,
desplazando a millones de pequeños agricultores, productores locales,
fabricantes y minoristas.
Los nuevos regímenes
cliente autoritarios saquearon la economía, privatizando y vendiendo
miles de empresas públicas, mientras las CMN compraban bancos locales
y fabricantes, tierras y bienes inmuebles. Según un estudio reciente
(Minella), en Brasil en 1989 los bancos extranjeros poseían el 9,6
% de las acciones bancarias, hacia el 2000 controlaban el 33%. En 2001, el
capital financiero extranjero controlaba 12 de los 20 bancos más grandes
de Brasil. El crecimiento del capital extranjero es casi exclusivamente resultado
de la adquisición de bancos nacionales públicos y privados,
no de la creación de nuevas empresas. En América Latina, un
estudio de 212 directores de 19 sociedades financieras que representan a
bancos de l4 países Latinoamericanos, reveló que el 55% eran
representantes de bancos extranjeros. Una mayoría de los líderes
de las redes financieras de Latinoamérica son banqueros norteamericanos
o europeos. Estas redes financieras a su vez directamente o indirectamente
controlan propiedades industriales, comerciales e inmobiliarias. Igualmente
importante, establecen las condiciones para la financiación externa
en colaboración con el IFI. La mayor parte de los ideólogos
cliente estadounidenses de América Latina se formaron en universidades
de propaganda de la elite como Chicago, Harvard, Stanford etc. Por medio
del terrorismo estatal y la coacción impusieron el "modelo neoliberal"
centrado en el imperio. El IFI reforzó el "modelo" por medio de sus
políticas de ajuste estructural apoyando a los regímenes cliente
y beneficiando a las elites financieras locales vinculadas a los bancos multinacionales
estadounidenses.
El modelo centrado en el imperio condujo al pillaje sistemático
durante mucho tiempo y a gran escala de todos los países de América
Latina. El último estudio, para el año 2002, de Naciones Unidas,
Comisión Económica para América Latina, revela que más
de USD 69,2 mil millones en pagos de intereses y beneficios fueron remitidos
a las oficinas centrales en los EEUU. El estudio no incluía los varios
miles de millones en pagos de derechos (“royalties”), fletes, seguros y otros
honorarios por servicios ni los demás miles de millones ilegalmente
transferidos por las elites latinoamericanas a través de bancos estadounidenses
y europeos a cuentas en el extranjero. El total saqueado a América
Latina se acerca a 100 mil millones de dólares. Si multiplicamos esta
suma por la década 1992-2002 podemos estimar de manera conservadora
que la explotación de América Latina sobrepasó 1 trillón
de dólares.
Un proceso similar de construcción imperial es patente
en el dominio de la apropiación del comercio, instalaciones productivas
y mercados locales. Según un estudio del Banco Bilbao Vizcaya Argentina
(BBVA) con sede en España, más de un tercio (56) de las 150
empresas más grandes son de propiedad extranjera, la mitad son de
particulares nacionales y casi el 13% (19) son firmas estatales nacionales.
Sin embargo las 75 firmas nacionales privadas sólo generan el 30%
de las ventas totales de las 150 empresas más grandes. Las firmas
de propiedad Latinoamericana solo corren con el 22% de las exportaciones de
las 150 firmas más grandes, las firmas en manos extranjeras el 15%
y las firmas públicas el 63 % de los beneficios por exportaciones.
En otros sectores las CMN estadounidenses y europeas controlan una parte
sustancial del mercado interior, mientras que las firmas públicas
nacionales son los que más beneficios tienen por el cambio de divisas.
Las CMN estadounidenses, europeas y japonesas dominan los mercados interiores y en gran parte desplazan a los productores locales. La fórmula imperial para América Latina es exportar capital para capturar mercados domésticos e importar materias primas de las empresas de capital público. En 2002, las CMN transfirieron 22 mil millones de dólares por ganancias sobre las inversiones directas de 76 mil millones de dólares - una tasa de retorno de casi el 35%.
Con las empresas públicas contabilizando 245 mil millones
de dólares en ventas de las cuales el 35% representó exportaciones
queda claro que el objetivo estratégico de la construcción
imperial estadounidense es hacerse con el control de este sector. El foco
está sobre las empresas estatales de petróleo y de gas de México,
Venezuela, Brasil, Ecuador, Colombia y Bolivia así como la Corporación
Chilena de Cobre (BBVA citado en La Jornada el 15 de junio de 2003.)
Así que la construcción imperial implica cuatro
etapas: 1) intervención ideológica-militar-política
para imponer el "modelo centrado en el imperio" y los parámetros de
debate "realista" político económico - con algunas "imperfecciones"
(resistencia popular, diferentes momentos de puesta en práctica, dirigentes
incompetentes etc.) . 2) implementación de la primera ola de desregulación,
privatización y desnacionalización que conduce al dominio por
las elites locales vinculadas al IFI y las CMN. 3) Paso de la privatización
nacional al control extranjero mediante pagos de deudas, préstamos
y compras de participaciones que conducen a la toma de posesión de
grandes cuotas de mercado en ventas y banca. 4) Impulso para el control
directo político militar imperial para reprimir la resistencia de
las masas que es resultado del pillaje de las etapas 1-3, y para extender
y profundizar en la privatización que incluya la energía lucrativa,
las materias primas y luz y empresas públicas energéticas.
La etapa cuatro es la preparación para la imposición del ALCA
- etapa final de la construcción imperial - la recolonización
de América Latina.
La clave de
la construcción imperial - la dinámica del imperialismo - es
el papel dinámico del estado imperial y sus "casi-privados/públicos"
auxiliares en el sector privado. Las CMN y la expansión y financiera
en América Latina son cruciales para la acumulación, y para
contrarrestar la tendencia a disminuir de la tasa de beneficios. Pero también
es importante reconocer el papel del estado imperial en la resolución
de la cuestión fundamental de los lugares geográficos/económicos
donde se desarrollan estos procesos, el tiempo de resolución o de
intento de resolución de estas crisis económicas y las necesarias
relaciones político sociales y el marco que permite que estas contradicciones
económicas se resuelvan. La superproducción puede impulsar
al capitalista a volverse hacia la conquista de mercados exteriores, pero
los "mercados" no se abrirán si los regímenes locales no son
forzados a bajar las barreras con invasiones militares, golpes, y la colocación
de economistas-ideólogos centrados en el imperio en puestos de toma
de decisiones. El apalancamiento del IFI vinculado al estado imperial es
también un componente básico en la apertura de mercados. La
decreciente tasa de beneficios en sectores económicos clave (y sus
CMN principales) no se puede revertir si la legislación laboral de
los estados cliente no es "reformada" por el IFI y la resistencia organizada
de masas no es reprimida por el aparato policial y militar de los clientes.
Tasas de retorno
del treinta y cinco por ciento no están aseguradas en sociedades democráticas,
participativas, con pleno empleo y derechos laborales. Tasas de retorno exorbitantes,
pillaje de recursos públicos, saturación de mercados, y pago
puntual y completo de la deuda en medio de la pobreza de las masas exige
la represión sangrienta de los gobernantes cliente, lo que está
mucho más allá de la capacidad de las "fuerzas de mercado".
Aperturas estratégicas
para las CMN requieren claramente la participación masiva sistemática
del estado imperial. La construcción económica imperial está
íntimamente relacionada con la construcción del régimen
cliente (lo que los ideólogos imperiales llaman "construcción
nacional"). El estado imperial que funciona en América Latina no sólo
crea los fundamentos iniciales del desarrollo centrado en el Imperio, sinó
que está profundamente implicado en controlar, castigar, reclutar,
corromper, cooptar y amenazar a los políticos electorales para que
sirvan como colaboradores locales.
El imperio gobierna
por medio del IFI que hace cumplir la disciplina económica mediante
préstamos, acondicionamiento y amenazas – siendo el objetivo utilizar
las deudas para ahondar en la privatización y obligar al cumplimiento
de la política de "mercados abiertos".
El gobierno
de mercado abierto se aplica a Latinoamérica, pero no a EEUU o a la
Unión Europea donde impera el proteccionismo selectivo. El estado
imperial ha establecido más de 120 bases militares por todo el mundo
- incluyendo más de dos docenas de bases y posiciones operacionales
por toda América Latina para reclutar funcionarios y entrenarlos ideológicamente
para que se identifiquen con el imperio, se opongan a los adversarios anti-imperiales
e intervengan en momentos de crisis de régimen. Lo que es más
importante, el estado imperial interviene para influir en las elites políticas,
financiando a candidatos y partidos, comprando, cooptando, amenazando, y
seduciendo a las figuras políticas emergentes.
Los hacedores
de la política imperial estimulan mayores vínculos con las
CMN y mayor distancia respecto de los grupos electorales populares. La última
actividad implica la dedicación durante largo tiempo a figuras de
la oposición de lo que el Departamento de Estado (Ministerio de Asuntos
Exteriores) llama izquierda "responsable" o "izquierda democrática"
que emite las "señales correctas" - apoyo electoral en contraposición
a la lucha de masas, compromisos favorecedores de consiguientes concesiones
a las CMN y cierta afinidad por la movilidad individual sobre la colectiva.
El imperio mira de buen grado un perfil personal de gobierno personalista
que proporcione una puesta en práctica autoritaria para implementar
duras normas de austeridad para la mayoría y concesiones a gran escala
para los ricos, en particular los extranjeros ricos.
Los éxitos
más recientes de la estrategia del estado imperial de construcción
de regímenes cliente se encuentran en Brasil y Ecuador. En ambos casos
los líderes políticos, Ignacio Da Silva y Lucio Gutiérrez
fueron apoyados por movimientos radicales populares antes de que "se dieran
la vuelta" o se convirtieran a la política centrada en el imperio
mediante el proceso de persuasión ideológica en línea
con un giro a la derecha en la dirigencia de su aparato de partido.
El estado imperial
a través de sus vínculos formales e informales con instituciones
culturales basadas en los EE UU - tanto privadas como públicas - recluta
"estrellas" de los medios de comunicación, intelectuales arribistas,
estudiantes y periodistas para diseñar y promover prácticas
culturales centradas en el imperio e institutos que entrenan activistas e
influyen sobre la opinión pública. El jefe de US-AID exigió
recientemente que las ONG financiadas por EEUU se olvidaran de su fachada
"no gubernamental" y declararan abiertamente que son "un brazo del gobierno
de los EEUU." (Financial Times, 13 de junio de 2003.) Hay muchos "brazos
del gobierno de los EEUU", declarados o no, que combinan la función
cultural y el adoctrinamiento ideológico, noticias mundiales y propaganda
imperial, becas y subvenciones a fundaciones de pensamiento y actuación
centrados en el imperio. El estado imperial ha creado y defendido este universo
cultural "público-privado" para la construcción imperial en
América Latina. En resumen Washington gasta dólares de los
contribuyentes para financiar la expansión del imperio económico
estadounidense - depauperando la república. En ninguna parte están
los lazos directos entre la construcción político militar imperial
y la dirigencia más claramente relacionados con la construcción
económica imperial que en América Latina y el proceso va hacia
el gobierno colonial imperial.
Nuevas Direcciones del Imperio
La construcción imperial ha tomado una dirección
nueva y más agresiva en el nuevo milenio – embarcándose en
una serie de guerras imperialistas y conquistas llevadas a cabo por el estado
imperial y dirigidas por ideólogos militaristas. En el curso de dos
años EEUU ha librado dos guerras de conquista, innumerables asesinatos
e intervenciones por todo el mundo con "operaciones de fuerzas especiales"
clandestinas y el reclutamiento y la cooptación de gobernantes cliente
por toda Asia, África, América Latina y Balcanes. Los constructores
imperiales han consolidado el control sobre sus clientes de Europa del Este
y Bálticos y han seguido adelante para cementar sus lazos con los
regímenes de extrema derecha de España e Italia. Bajo presión,
la resistencia inicial de la Unión europea ha cedido dando paso al
hecho de convertirse en socios subordinados a EEUU, protegiendo a
los regímenes títere estadounidenses de Afganistán, proveyendo
ayuda régimen colonial de EEUU en Irak, respaldando las amenazas de
EEUU contra Irán, y uniéndose al ataque contra Cuba al apoyar
a agentes cubanos financiados por EEUU.
Los constructores
imperiales estadounidenses han acelerado el proceso de colonización
de América Latina por medio del ALCA. Hay varios motivos por los que
EEUU está presionando el proceso de colonización: 1) los clientes
y colaboradores de América Latina están todavía en sus
puestos, pero su poder es tenue a lo más, 2) la resistencia de las
masas aumenta por toda la zona, 3) el modelo mercantilista, proteccionista-liberal
del imperio está provocando oposición entre sectores de las
elites latinoamericanas de exportación, 4) EEUU procura monopolizar
la toma de posesión de las principales empresas públicas que
quedan según son privatizadas - evitando las pérdidas habidas
para Europa, especialmente España, durante la ola anterior de los
años 1990, 5) los clientes militares están todavía en
sus puestos pero no están presentes en todas partes y en el mismo
grado particularmente en Venezuela, Brasil, Ecuador, Bolivia, 6) EEUU tiene
el "ímpetu" de sus conquistas militares-políticas en Asia para
presionar y chantajear la conformidad de las elites políticas de América
Latina, 7) la conversión por sorpresa de dos regímenes - Da
Silva en Brasil, Gutiérrez en Ecuador - al ALCA, y su vulnerabilidad
respecto a la oposición de masas hace que los constructores imperiales
se muevan deprisa.
Los constructores
imperiales estadounidenses se han movido hacia la dominación colonial
con poder desnudo y exigencias centradas en el imperio, ignorando cualesquiera
concesiones a sus regímenes cliente, debilitando así severamente
su base para el cumplimiento. El caso de México es el más claro:
EEUU ha rechazado la petición del Presidente Fox para legalizar la
situación de 4 millones de trabajadores inmigrantes mexicanos, o mantener
la reciprocidad en los acuerdos comerciales sobre transporte, textiles y
varias otras materias primas. En vez de ello Washington exige la completa
privatización de la industria pública de petróleo de
México (PEMEX) – la empresa con mayores réditos y ganancias
por entrada de divisas del país.
El precedente
histórico para el actual proceso de construcción imperial estadounidense
en América Latina es el sistema mercantilista de los imperios coloniales
europeos. Los rasgos básicos comunes incluyen: 1) Control imperial
manifiesto por medio de una autoridad política (ALCA) que establece
la normativa económica y el marco legal para el monopolio estadounidense
de una posición económica privilegiada en América Latina;
2) estructuras imperiales de mando militar, bases, implicación directa
en las operaciones de campaña para reprimir alzamientos populares;
3) comercio no recíproco que implica la liberalización total
del comercio Latinoamericano y medidas protectoras selectivas para impedir
que productores competitivos Latinos compitan satisfactoriamente en el mercado
de EEUU; 4) exclusión efectiva de Europeos, Japoneses y otros para
competir en los mercados Latinoamericanos.
El sistema imperial
neomercantilista está siendo puesto en práctica explícitamente
por medio del ALCA en el aspecto económico, y por el Plan Colombia,
la Iniciativa Andina y la coordinación continental de la economía
militar por los comandantes militares veteranos en el frente militar
La perspectiva para la construcción imperial, recolonización
y consolidación descansa sobre tres patas políticas: 1) la
cooptación de ex líderes "populares" como Lula en Brasil, Gutiérrez
en Ecuador y Kirchner en Argentina; 2) la aceleración de los acuerdos
militares ALCA ante clientes en descomposición (Toledo en Perú,
Sánchez de Losada en Bolivia y Uribe en Colombia); y 3) el aislamiento
y/o derrocamiento de los regímenes de Venezuela y Cuba y la derrota
de la creciente oposición popular en América Latina. ALCA proporcionará
a los constructores imperiales estadounidenses el control sobre una institución,
la Comisión ALCA, que dictará la política sobre cada
aspecto del comercio, inversión, relaciones público-privadas,
servicios (incluidas la educación, salud, pensiones, etc.). Al igual
que la refinanciación de la deuda de los regímenes Latinoamericanos
facilitó la liberalización, los actuales regímenes neoliberales
facilitan la recolonización por medio del ALCA. Bajo el dominio colonial
estadounidense las estructuras administrativas Latinas permanecerán,
reducidas y reconfiguradas, para implementar la política colonial estadounidense
adoptada en el seno de la comisión ALCA. La legislatura Latino Americana,
poderes ejecutivos y judiciales quedarán reducidos a debatir los métodos,
marcha y aplicación de la política dictada por ALCA-EEUU. Como
en todos los sistemas coloniales, estructuras verticales autoritarias serán
sobrepuestas sobre las instituciones electorales.
El creciente
poder militar estadounidense y sus proyecciones en América Latina
han envalentonado a los constructores imperiales para actuar más agresivamente.
En Venezuela un golpe de estado civil y el cierre de la patronal fueron orquestados
por agencias de inteligencia estadounidenses. En Colombia, la participación
militar estadounidense ha intensificado las matanzas y el desplazamiento
de cientos de miles de campesinos para privar de reclutas, apoyo logístico
y alimentos a los rebeldes populares. Contra Cuba, Washington ha organizado
abiertamente núcleos de cuadros contrarrevolucionarios (llamados "disidentes")
para dedicarse a la propaganda y reclutamiento, mientras explícitamente
incluyen al régimen revolucionario como su próximo objetivo
militar. Por toda América Latina, han sido establecidas bases militares
estadounidenses como cabeza de playa para intervención en los casos
en que puedan ser derrocados por las mayorías populares los regímenes
cliente.
Igualmente importantes son las conquistas políticas
de los constructores imperiales. En Brasil, el régimen de Lula ha sido
convertido completamente en un satélite del Imperio – abrazando sin
criterio a las elites financieras y agro-exportadoras que juegan un papel
integral en la promoción de ALCA y la recolonización. En Ecuador,
Lucio Gutiérrez y sus compañeros, el partido Pachacutik se
han movido rápidamente para privatizar las empresas estatales de petróleo
y eléctricas, adoptar la dolarización, bases militares estadounidenses,
Plan Colombia y ALCA, rompiendo huelgas, y militarizando las refinerías
de petróleo en el curso de la preparación del país para
el estatus colonial.
Las "nuevas perspectivas" para la colonización de América
Latina existían antes de los acontecimientos del 11-S y la
llamada "guerra contra el terrorismo" estadounidense. El nuevo militarismo
después del 11-S aceleró el proceso de colonización
y dio mayor ímpetu a la militarización y la intervención
directa. El cambio más significativo desde el 11-S fue la exclusión
total de cualquier consulta y las concesiones a regímenes cliente
– haciendo aún más desequilibradas las relaciones.
En el mejor de los casos es vano y en el peor es engañoso
especular y consolarse con el hecho de que en un futuro distante "todos los
Imperios declinan". Antes de que ocurra ese tiempo inespecificado millones
de vidas están en juego, la soberanía nacional está
en peligro y ocurren luchas populares. Colocar "juicios finales" en el centro
del análisis es distanciarse uno mismo de los actores para el cambio
y del poder real del imperio hoy, su lógica y dirección. Lugares
comunes tendenciosos, como "los imperios declinan", no nos proporcionan el
marco analítico para entender las fuerzas motrices del imperialismo
y el alzamiento de las fuerzas de oposición. El análisis histórico
abstracto e inespecífico y la discusión superficial sobre los
constructores imperiales (sus decisiones son "frívolas") es en sí
mismo frívolo y superficial. La "larga visión de la historia"
divorciada del análisis concreto sobre el actual poder dominante del
imperio estadounidense y su impulso para la conquista mundial y las luchas
antiimperialistas basadas en las clases es un espejo del estilo de los ideólogos
de los constructores imperiales. No hay ningún final de las lumbreras
imperiales que escribieron acerca del "American Century", Pax Americana,
Global Power y otras vacuas "amplias visiones" de la historia.
Para entender
las contradicciones actuales del imperio tenemos que analizar clases concretas,
clases étnicas, la naturaleza específica de los regímenes
con sus configuraciones de clase así como las capacidades organizativas
de los movimientos populares para montar desafíos a clientes imperiales
y al imperio. Pontificar desde analogías históricas abstractas
y descubrir el lugar común de que los imperios eventualmente declinan,
no tiene ni relevancia intelectual ni relevancia política práctica.
Imperio: Relaciones de Clases y Estado
La construcción
imperial estadounidense y el deterioro se construyen sobre relaciones de
clase y estatales. Las clases colaboradoras son formadas a través
de un proceso complejo de clases internas y formación política
e integración externa dentro de relaciones subordinadas pero beneficiosas
(para la elite). La hegemonía y la dominación por parte de
las clases dirigentes transnacionales Latinoamericanas es esencial para conformar
y apoyar a los estados cliente imperiales que implementen la "política
neoliberal" centrada en el imperio. El papel del estado imperial fue fundamental
para la formación de estados cliente - tanto en términos de
apoyo financiero como político así como para proporcionar amenazas
y recompensas personales que indujeran a la puesta en práctica activa
de la privatización de empresas públicas lucrativas y la eliminación
unilateral del comercio exterior y barreras a la inversión.
Lo que les parece
a los críticos académicos extranjeros una agresión imperial
"irracional" es de hecho un cálculo sumamente racional basado en la
facilidad histórica con la cual los estrategas de la política
imperial han afianzado una posición dominante en la economía
colonizada, el cumplimiento de los estados cliente y el apoyo impaciente
de las elites financieras y especulativas transnacionales Latinas. El éxito
fácil para imponer los "modelos" centrados en el imperio, para derrocar
y/o invadir regímenes Latinoamericanos recalcitrantes o nacionalistas
(en Chile, Brasil, Panamá, República Dominicana, etc.) ha animado
a los constructores imperiales a actuar con mayor violencia, manejando desvergonzadamente
la fuerza como el arma más razonable, considerando su eficacia para
afianzar los objetivos imperiales. Deberíamos recordar que el éxito
intervencionista estadounidense en Guatemala (1954) causó que EEUU
repitiera su política con Cuba en 1961 - una política que lo
llevó a la derrota. Los exitosos golpes militares orquestados por
EEUU en Brasil (1964) e Indonesia (1965) y la invasión de la República
Dominicana (1965) animaron a EEUU a ahondar y expandir su invasión
militar de Indochina que condujo a una derrota histórica pero temporal
de los estrategas imperiales y el profundo debilitamiento del apoyo político
doméstico.
La reconstrucción
del proyecto de construcción imperial bajo el Presidente Carter se
focalizó en la guerra político-ideológica sobre el terreno
favorable de Europa Oriental y la URSS y la reconstrucción de vicarios
militares encubiertos en el Sur de Asia (Afganistán) en alianza con
fundamentalistas Islámicos. En África del Sur (Angola y Mozambique)
los estrategas de la política imperial financiaron y suministraron
a vicarios tribalistas apoyados por la racista Sudáfrica. En Sur y
Centroamérica (Argentina, Chile, Bolivia, El Salvador, y Guatemala)
EEUU actuó a través de regímenes militares cliente,
y en Nicaragua mediante clientes mercenarios del tráfico de drogas.
A partir de finales de los años 1970 hasta 1990, los constructores
imperiales reconstruyeron el aparato militar estadounidense y reconquistaron
gradualmente el apoyo político doméstico para las conquistas
de ultramar con las invasiones militares de Panamá y Granada.
La "fórmula
ideológica" para la conquista imperial es muy similar a la usada por
el Tercer Reich: los líderes de la oposición son demonizados,
la invasión y la imposición de regímenes cliente son
descritas como liberación y restauración de la democracia y
la incorporación dentro de la esfera de influencia de los EEUU se describe
como entrar a formar parte del "mundo libre". El imperio militar de Carter-Reagan
creó las bases para que el padre de Bush se lanzara a la creación
de otro "Nuevo Orden Mundial" estadounidense con la guerra del Golfo, un proyecto
que fue prematuro y al que le faltó la "ocupación colonial"
para asegurar el control indisputado.
La década
de Clinton (1992-2000) contempló la expansión masiva de la
construcción imperial a escala mundial - guerras en los Balcanes,
conquista de un tercio de Irak por medio de los clientes kurdos del norte
y zonas 'sin vuelos' en el sur (combinados con bombardeos de castigo y bloqueos
económicos para destruir el estado y la economía), alianzas
militares con nuevos clientes y bases militares desde los estados del Báltico
pasando por Europa Central a los Balcanes y Cáucaso meridional. La
conquista agresiva militar y la colonización comenzaron con la bandera
del imperialismo humanitario bajo Clinton. La radicalización doctrinaria
vino con Bush, Rumsfeld y Wolfowitz. Es un grave y notorio error ver la fecha
'11/09/2001' como punto de partida para la construcción militar imperial.
Lo que ocurrió después del 11-S es la búsqueda sistemática,
unilateral, de la construcción imperial con una doctrina más
explícita de guerra global, a diferencia de la práctica poco
sistemática pero igualmente violenta del imperialismo humanitario
propuesto por Clinton.
Imperio y Relaciones de Clase y Estatales: Conflicto Inter-imperialista y de Clases/Nacional
En primer lugar,
el poder imperial está incrustado en las relaciones de clase y estatales:
antes del movimiento de capital y la imposición del poder imperial
estatal, tiene lugar una lucha de clases nacional, una lucha que varía
en intensidad, pero se repite a lo largo de todo el período de ocupación
imperial y dominación. Como quedó indicado antes, en América
Latina la imposición de los regímenes neoliberales centrados
en el imperio fue establecida por medio de una violenta lucha de clase-estatal
"desde arriba". Las clases victoriosas transnacionales reconfiguraron el
estado, para poder "reconstruir" relaciones sociales (relaciones trabajo-capital,
formas de propiedad pública-privada y extranjera-nacional) conformadas
al modelo centrado en el imperio. Los regímenes neoliberales e imperios
neomercantilistas fueron el resultado de luchas de clases como lo son las
continuadas relaciones antagonistas que se oponen al proyecto de recolonización
de los constructores imperiales.
Las relaciones
de clase antagonistas son una constante en la construcción imperial
contemporánea. Sin embargo las relaciones sociales, de clase, las
fuerzas étnicas y de género que se enfrentan hoy entre sí
son diferentes del pasado reciente debido a la transformación de la
estructura de clases forjada por un cuarto de siglo de gobierno neoliberal.
Es importante resumir los cambios en la formación de clases para entender
las clases sociales actuales que se enfrentan a los constructores imperiales
y a los estados cliente locales. Las nuevas fuerzas de clase han desarrollado
a su vez nuevas tácticas, estrategias y liderazgos que son importantes
en los esfuerzos para derrocar la dominación imperial.
Cambios Básicos
en la Estructura de Clases y Relaciones Sociales
Desde el inicio de neoliberalismo en los años 1970 se
han producido varios cambios clave políticos y socioeconómicos
en la estructura de clases. La apertura de la economía a importaciones
baratas de manufactura extranjera ha tenido dos impactos principales sobre
la estructura de clases: ha reducido el tamaño de la clase obrera
industrial, ha establecido "una mano de obra cautiva" en las zonas de libres
comercio 'maquiladores' / plantas de montaje, ha reducido el número
de trabajadores especializados del metal, y ha creado industrias 'contratistas
de mano de obra' más pequeñas más explotadoras descentralizadas.
Como consecuencia, el tamaño de la mano de obra industrial empleada
estable ha disminuido en la mayor parte de países (como Bolivia, Perú,
Colombia, Brasil y Argentina) mientras que los que siguen colocados temen
ser reemplazados por la buena gana de los patronos para desplegar el ejército
de reserva de parados. El relativo peso socio-político de los trabajadores
industriales dentro de la clase obrera ha disminuido, al igual que el porcentaje
de trabajadores sindicados y número de huelgas y la militancia obrera
en el sector industrial. Por otra parte, el número de trabajadores
en paro y en trabajos basura ha aumentado geométricamente, yendo del
40% al 80% en países como Argentina, Perú, Bolivia, Colombia,
Brasil, Venezuela y México. Las regiones maquiladoras industriales
más antiguas - zonas fronterizas del Norte de México, Caribe
- han experimentado cierres de plantas a medida que los capitalistas estadounidenses
se trasladaron a China o a las “áreas rurales” (sur de México)
donde los salarios son más bajos y las condiciones de trabajo aún
más explotadoras (jornadas más largas, menor normativa sobre
seguridad, salud y ambiental.) El crecimiento de una "masa crítica"
de trabajadores en paro ha llevado al desarrollo de movimientos autónomos
de trabajadores en paro que atacan a la clase capitalista fuera del
sitio de producción (la fábrica) en las calles, bloqueando
la circulación de maquinaria y materias primas (entradas) y productos
acabados (salidas) que se transportan al mercado, poniendo limitaciones sobre
la realización de beneficios.
La promoción
de una "estrategia de crecimiento de exportación" unida a la importación
de alimentos baratos subvencionados, en particular cereal, ha provocado el
desplazamiento de campesinos y la bancarrota familias campesinas que producían
para los mercados locales. Más del 90 % de las subvenciones estatales
agrícolas se dedican a los agro exportadores a gran escala, denegando
créditos estatales y financiación a los pequeños productores.
La política agrícola centrada en el imperio ha aumentado el
porcentaje y número de trabajadores rurales sin tierra, ha polarizado
el campo y radicalizado a pequeños agricultores familiares que encaraban
la extinción debido a la intervención del estado cliente a
favor de las importaciones de alimentos y las elites agro exportadoras. Creciente
concentración de tierras, usurpación de las tierras de la gente
indígena, alto coste de los “inputs” de granja y bajos precios de
los productos de alimentación han radicalizado el campesinado y las
comunidades de campesinos Indios, privándoles de la tierra, mercados
y márgenes de beneficio. El crecimiento de la alfabetización
y la interacción social con la Iglesia progresista y núcleos
sindicales y las recientes experiencias de lucha han convertido el campo
en un centro de movimientos antiimperialistas.
Los movimientos
rurales contemporáneos no están integrados por "rebeldes primitivos,
"tradicionalistas" que miran hacia atrás resistiéndose a la
"modernización". Los movimientos campesinos están dirigidos
por hijos e hijas cultos de familias rurales venidas a menos, procuran obtener
créditos, y cuotas de mercado, recuperan la tierra ocupada por el
capital, y la protección estatal de importaciones baratas subvencionadas.
Buscadores del medios de producción modernos, cuotas de mercado, créditos
baratos y ‘precios justos’, trabajando y luchando colectivamente son el contraste
de las modernas, pero empobrecidas clases rurales. Están bien informados
sobre el negativo impacto de la política centrada en el imperio (ALCA,
neoliberalismo). En Brasil, el Movimiento Rural de Trabajadores Sin tierra
(MST), en Bolivia (los cocaleros), en Colombia (los movimientos campesinos
y guerrilleros rurales), en Ecuador (sectores del movimiento campesino-Indio)
y en menor grado en Paraguay, Perú y México, movimientos de
base campesina han sido los mejor organizados y las vanguardias de la resistencia
anti-imperialista.
La contradicción campesinado-imperio ha sido la más
aguda, no debido a mayor explotación y extracción de plusvalía,
sinó debido a la amenaza de desplazamiento total (tierra, casa,
familia, comunidad), apropiación violenta de los medios de producción,
y denegación de un lugar para ‘ganarse la vida’. La mano de obra rural
está sumamente estratificada y es en muchos casos étnicamente
diversa, causando desacuerdos sociopolíticos; sin embargo allí
donde se han superado estas ‘diferencias’, las combativas clases organizadas
rurales han logrado más éxitos al desafiar la expansión
imperial – tanto en el campo como en las ciudades. El MST ha ocupado grandes
latifundios y ha establecido 350.000 familias en menos de 20 años
y actualmente tiene 120.000 familias organizadas para ocupar fincas sin cultivar
(julio 2003). En Bolivia más de 40.000 familias se ganan la vida cultivando
coca en comunidades vibrantes de familias estables gracias a la organización
y las luchas del sindicato de agricultores cocaleros. El principal desafío
militar en América Latina para los regímenes cliente y los constructores
militares del imperio estadounidense está en el campo colombiano,
donde los dos grupos guerrilleros principales (FARC y ELN) controlan más
del 40 % del territorio. Muchas de las organizaciones principales nacionales
que organizan manifestaciones urbanas contra el ALCA están localizadas,
la mayoría de las veces, entre las organizaciones rurales militantes.
Considerando el papel visible y dominante de los modernos movimientos
rurales de base agraria que se oponen al imperio estadounidense, es sorprendente
que no se encuentre ningún debate sistemático en los
escritos de Hobsbawn, Wallerstein, y otros profetas del eventual declive
imperial. Estos escritores ponen de relieve rivalidades inter-imperiales,
conflictos inter-elite (capitalistas contra el imperio), basando sus argumentos
en disputas comerciales concretas y diferencias relativas a los modos de
construcción imperial o las nociones generales, tendenciosas y emocionalmente
gratificantes de que "todos los imperios declinan", todos los "sistemas capitalistas
con el tiempo entran en crisis" – dejando que la magia del mercado alcance
lo que ellos llaman "cambios sistémicos" desde el "caos". Una visita
a una reunión de campesinos en un estado ocupado es probable que proporcione
estímulo suficiente para que estos profetas de salón centrados
en el imperio se replanteen sus teorías sobre el declive imperial.
El Nuevo Proletariado Urbano - Trabajadores del Sector público
En julio-junio de 2003, en Ecuador, Bolivia, Perú, Brasil,
Argentina y Colombia los funcionarios públicos – sobre todo maestros
de la escuela pública – estuvieron de huelga indefinida, involucrando
a millones, y en algunos casos desencadenando paros laborales por parte de
asalariados del sector privado. En las ciudades los funcionarios públicos
han sido la vanguardia de las mayores y más militantes luchas urbanas
contra los regímenes cliente y sus políticas centradas en el
imperio. Este es necesariamente el tema, dado que la expansión imperial
se basa en la privatización de las empresas públicas,
causando despidos masivos, pérdida de la pensión y otros beneficios
sociales y tenencia de trabajo. En segundo lugar los acreedores imperiales
exigen excesos de presupuesto para pagar la deuda a los acreedores extranjeros,
lo que conlleva recortes en todos los servicios sociales y gastos públicos
para el desarrollo llevando a reducir aún más el número
de funcionarios públicos, reducción salarial, pensión
y beneficios sociales y mayor intensificación de la carga de trabajo
(relación profesor-estudiante y relación médico paciente).
La pérdida
de tenencia y el alquiler de trabajadores contratados (ONG) han minado la
seguridad en el puesto de trabajo de los funcionarios públicos - haciéndoles
sujeto de las mismas "inseguridades de mercado" que los trabajadores de las
fábricas. En suma, las estrategias constructoras imperiales de privatización
de firmas públicas, la prioridad del pago de la deuda en la asignación
del presupuesto y la proletarización del nivel de vida y condiciones
de trabajo son los factores objetivos que sacan a los funcionarios públicos
a las calles y en prolongadas huelgas a escala nacional.
Los compañeros de coalición principales en todas las confrontaciones importantes con los estados cliente y sus patronos imperiales son los funcionarios públicos, sobre todo los maestros y los campesinos. Las acciones sindicales más militantes en las ciudades provinciales y en la capital están encabezadas por los funcionarios públicos, implicando la ocupación de edificios municipales y federales, bloqueo de calles y desahucios de funcionarios públicos. Con frecuencia, los funcionarios públicos han sido reducidos a la casi ind