Thursday 07 August 2003.
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Marta Harnecker: La
oposición no está bien informada, entrevista realizada
por el Diario Panorama
Por: Diario Panorama
Publicado el Domingo, 10/08/03 07:56am |
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A continuación presentamos una entrevista aparecida en
el día de hoy en la edición digital de diario El Panorama,
invitamos a nuestros lectores a comprar ese diario o a leer esta
y otras noticias en Marta Harnecker, escritora y psicóloga chilena, autora
de 50 libros sobre política, dijo en entrevista con PANORAMA
www.panorama.com.ve
que si aquí los medios de comunicación informaran correctamente,
mucha gente no acompañaría a la oposición.
Pese a las evidentes diferencias internas que en los últimos meses ha demostrado la oposición venezolana, la escritora chilena Marta Harnecker no necesita sus anteojos de gruesa montura para ver que, irónicamente, estos representantes están muy claros en un aspecto: "La fuerza que tiene el gobierno de Hugo Chávez". Argumenta lo que a su juicio constituyen las dos razones fundamentales: El Presidente cuenta con el apoyo popular y el respaldo masivo de la Fuerza Armada Nacional. Harnecker es una mujer madura de aspecto y de acción, y con una gran dosis de autocrítica. Nacida en Chile, vive entre Cuba y Canadá. Visitó Maracaibo a comienzos de esta semana donde sostuvo
encuentros con diferentes sectores. -Hay contradicciones por supuesto. Estados Unidos no puede estar
contento con un gobierno que hace una política distinta, de
freno al neoliberalismo, un intento de reversión al sistema
y que es un ejemplo para el resto de los países que quieren
una política soberana. Es evidente que hay intereses de ese
gobierno por tratar de impedir que Chávez se afirme en el
poder. Venezuela tiene un gran reconocimiento como práctica
democrática y eso es la mejor contención contra una intervención.
-Lo ha dicho otras veces, yo lo he oído. Se demostró que, a pesar de sus intentos de reconciliación, de abrir las puertas a todo el mundo, simplemente la estrategia de la oposición es sacarlo del juego político y contra gente que te juega así no hay nada que hacer. Cuando Chávez dice que la revolución está armada, sus adversarios aseguran que le han dado armas a los Círculos Bolivarianos, a sus seguidores y que los van a salir a matar. Hay que recordar que cuando él vuelve en abril de 2002 no tiene claro qué pasa dentro del Ejército. Ha transcurrido más de un año y sabe que cuenta con el apoyo de la mayor parte de la FAN. Cuando se refiere a la revolución armada es porque está
seguro que el brazo armado del aparato del Estado está con
él. Eso es lo importante, porque es un poder disuasivo ¿Para
qué armar a la gente si las armas están en buenas manos
para defender la Constitución? -Él mismo es muy autocrítico. Ha reconocido que
ha habido una gran debilidad en la estrategia comunicacional, aunque
yo no diría errores, serían más bien límites
de un proceso que está muy condicionado. Hay un capítulo
de mi entrevista que se titula: "La vía pacífica, un parto
muy doloroso", porque es que el Presidente cuenta con todo el peso
de la institucionalidad heredada y no es fácil. La Constitución
no basta, es apenas un instrumento. -Ellos siguen manejando el revocatorio una cuestión propagandística, no creo que se lo crean. Hay una situación tal que en este momento parece imposible hacer un referendo. Claro, si se usa como propaganda se va a tratar de hacer, probablemente, insistirán en que las firmas recolectadas sirven y querrán demostrar que el proceso liderado por Chávez no es democrático, pero me parece que es muy difícil. Lo que el Presidente dice es cierto ¿Cómo desde
la presidencia va a organizar el referendo? Eso le corresponde a
la oposición y primero que nada hay que nombrar al CNE. -Yo no entendía cómo no se había usado más ese vídeo, sobre todo después de ver el documental "La revolución no será transmitida". Allí queda muy claro que en ese momento no pasaba la marcha por debajo del puente. Eso es un error, no sólo del proceso, una falta creatividad por parte de la izquierda, y la derecha tiene la iniciativa de una serie de cosas. Tú sabes como periodista que el título de portada
queda y cuando desmientes es una nota que nadie la ve, eso pasó
aquí. -No la he leído, pero siento que actualmente hay libertinaje. Sobra la libertad, el pueblo tiene derecho a estar informado y la prensa desinforma. El pueblo tiene que reclamar y el Presidente también, y eso no es ir en contra de la libertad de prensa, sino buscar una prensa que cumpla su función social, porque para qué son los medios: para derrocar gobiernos o para informar al pueblo y que este tome decisiones. Y un pueblo que no está suficientemente informado no puede
elegir libremente. La oposición que marcha y apoya defendiendo
los privilegios de este país, no está informada. Sería
muy interesante ver qué pasa si esos medios informaran. ¿Crees
que ese caudal de gente que sale a la calle iría de la misma
manera? -Es un extremo de lo que ocurre en todas partes. Hay un tema muy importante que es el de la violencia. Acusan a Chávez de ser quien la provoca, pero la historia ha demostrado, en el caso de Chile y aquí, que los procesos que pretenden cambiar y herir los intereses de un grupo minoritario de la población, despiertan a la mayoría. El Presidente puede tener su discurso ofensivo, pero realmente las actuaciones de este gobierno jamás han sido así. Chávez tiene una vocación profundamente democrática,
cree en la democracia y no quiere muertes. Realmente cuando lo acusan
de las muertes de puente Llaguno tú sabes que ese hombre es
incapaz.... -Si cubanizar significa ayudar en el tema de la salud, en educación,
no hay ningún problema. Todos las sociedades querrán
eso. Creo que la derecha comete un grave error, porque si tú
atacas otras cosas, a lo mejor, ¡Pero arremeter contra médicos
que se van al servicio de los más pobres, en los cerros donde
no suben los otros galenos venezolanos! Eso es irracional. Marta Harnecker es la principal teórica de la izquierda en América Latina. Estudió psicología en Chile y en los 60 viajó Francia. Ha escrito más de 50 libros. Entre ellos destaca su obra: "Los conceptos elementales del materialismo histórico". La amplia documentación sobre la escritora relata que a la caída del campo socialista, aquella influencia la volvió centro de toda clase de descalificaciones. Actualmente dirige el Centro de Recuperación y Difusión de la Memoria del Movimiento Popular Latinoamericano. |
Thursday 07 August 2003
Beijing - A senior Pentagon adviser has given details of a war strategy for invading North Korea and toppling its regime within 30 to 60 days, adding muscle to a lobbying campaign by U.S. hawks urging a pre-emptive military strike against Pyongyang's nuclear facilities.
Less than four months after the end of the Iraq war, the war drums in Washington have begun pounding again. A growing number of influential U.S. leaders are talking openly of military action against North Korea to destroy its nuclear-weapons program, and even those who prefer negotiations are warning of the mounting danger of war.
Some analysts predict that North Korea could test a nuclear warhead by the end of this year - an event that could cross the "red line" that would provoke a U.S. attack.
The tensions were heightened by a recent exchange of gunfire across the border between North Korean and South Korean soldiers. Talks between U.S. and North Korean officials are expected to be held in Beijing soon, but nobody is predicting an imminent diplomatic agreement, especially after North Korea denounced a U.S. negotiator as a "bloodsucker" and "human scum."
Military conflict in the Korean peninsula could trigger a catastrophe, not only because of the suspected presence of nuclear bombs in North Korea, but also because of the 11,000 North Korean artillery weapons along the border that could inflict death and destruction on millions of people in the South Korean capital, Seoul, which is within artillery range of the North's guns.
Former CIA director James Woolsey, a Pentagon adviser and close ally of Defence Secretary Donald Rumsfeld, gave the most explicit glimpse into the thinking of U.S. military planners this week when he revealed the details of a possible plan of attack against North Korea.
The plan would include 4,000 daily air strikes against North Korean targets, the deployment of cruise missiles and stealth aircraft to destroy the Yongbyon nuclear plant and other nuclear facilities, the stationing of U.S. Marine forces off the coasts of North Korea to threaten a land attack on Pyongyang, the deployment of two additional U.S. Army divisions to bolster South Korean troops in a land offensive against North Korea, and the call-up of National Guard and Reserve units to replace U.S. combat forces that are currently bogged down in Iraq and Afghanistan.
"Massive air power is the key to being able both to destroy Yongbyon and to protect South Korea from attack by missile or artillery," Mr. Woolsey wrote this week in the Wall Street Journal in an article co-written by retired U.S. Air Force Lieutenant-General Thomas McInerney.
"We believe the use of air power in such a war would be swifter and more devastating than it was in Iraq," the article said. "We judge that the U.S. and South Korea could defeat North Korea decisively in 30 to 60 days with such a strategy."
Mr. Woolsey and Lt.-Gen. McInerney said the U.S. should already be preparing "to assess realistically what it would take to conduct a successful military operation to change the North Korean regime."
They acknowledged the risk that U.S. military strikes could trigger an explosion of radiation from North Korean nuclear plants, along with massive artillery attacks against Seoul by the North Korean heavy guns that are hidden in hardened underground bunkers on the border.
But U.S. cruise missiles and stealth aircraft could launch precision bombing attacks that would "minimize radiation leakage" at Yongbyon, while also sealing shut the underground bunkers where the artillery pieces are hidden, they said.
They warned that a war could soon become necessary to prevent North Korea from selling weapons-grade plutonium to "rogue states" and terrorist organizations. "The world has weeks to months, at most, to deal with this issue, not months to years," Mr. Woolsey and Lt.-Gen. McInerney wrote.
Similar warnings were issued recently by William Perry, the former U.S. defence secretary, who said North Korea and the United States were drifting toward war - perhaps as early as this year.
Mr. Perry said the administration of U.S. President George W. Bush is "losing control" of the North Korean nuclear crisis, making it possible for Pyongyang to begin selling nuclear weapons to terrorists soon. "The nuclear program now under way in North Korea poses an imminent danger of nuclear weapons being detonated in American cities," he told The Washington Post.
He said North Korea seems to have begun reprocessing some of the 8,000 spent fuel rods from a closed nuclear plant. This could allow Pyongyang to build up to six nuclear bombs in the next six months. "I have thought for some months that if the North Koreans moved toward processing," he said, "then we are on a path toward war."
http://truthout.org/docs_03/081003F.shtml
Heinz Dieterich
Rebelión
Desbordante de alegría,
el Presidente brindó con el distinguido huésped de la Casa
Presidencial. Una amplia sonrisa de abuelo bonachón del invitado
de honor agradeció el gesto. Los más cercanos colaboradores
y amigos de ambos personajes se regocijaron. Y no era para menos: el genocida
general Efraín Ríos Montt había sido registrado exitosamente
como candidato para la Presidencia de la República de Guatemala.
La macabra escena que tuvo lugar el miércoles, 30 de julio, en la
ciudad de Guatemala, marcó el fin del milagroso camino del devoto
evangélico y expredicador, Ríos Montt, que lo ha llevado desde
los calvarios de los años ochenta rumbo al Palacio presidencial,
en noviembre del 2003.
En 1982, el general se había apropiado del poder mediante un golpe
de Estado, apoyado por su poderoso amigo en la Casa Blanca, el Presidente
Ronald Reagan, quién lo consideraba un hombre de "gran integridad
personal". Los dos fervorosos cristianos protestantes, uno renacido y el
otro carismático, se sentían unidos en el misterio de tres
credos fundamentales: 1. que Dios intervenía personalmente en su
obra política; 2. que la guerra contra los movimientos populares
en Guatemala no marchaba con la eficiencia necesaria y, 3. que a "los comunistas"
había que erradicarlos de raíz.
Siguiendo los preceptos de buen gobierno de Torquemada y Pedro de Alvarado,
el devoto Ríos Montt resolvió convertir sus credos en praxis.
Entre 1982 y 1983, alabado por Reagan, el general de "gran integridad personal"
mandó borrar de la faz de la tierra a cuatrocientos pueblos mayas;
hizo asesinar o desaparecer a alrededor de cien mil civiles; fue responsable
de innumerables violaciones de mujeres y niñas y forzó a alrededor
de un millón de personas a abandonar sus hogares, en una política,
considerada posteriormente por la Comisión de la Verdad, como una
secuencia de "actos de genocidio".
La cruzada "Victoria 82", comparable en su brutalidad sólo con las
atrocidades de los conquistadores españoles, fue parte de una prolongada
campaña de terrorismo de Estado, que la oligarquía guatemalteca
y la Casa Blanca habían iniciada en 1954, con el golpe de Estado de
la Central de Inteligencia (CIA) estadounidense contra el gobierno socialdemócrata
de Jacobo Arbenz.
Fueron los tiempos, cuando la cautelosa organización de derechos
humanos, Amnistía Internacional, publicó en Londres un reporte
sobre Guatemala, intitulado, "Una política gubernamental de asesinatos
políticos" ("A government policy of political murder"), en
el cual el autor Michael McClintock demostraba que el centro del terrorismo
de Estado era el mismo palacio gubernamental, en cuyos sótanos reinaba
la tortura y el sistema de desapariciones forzadas.
Aun en este ambiente de terror continuo de casi medio siglo, la operación
de aniquilación de Ríos Montt destacó por su barbarie.
Si la sabiduría popular de ese país resume la interminable
tragedia de su población indígena en el dicho, de que en Guatemala
todos tienen sangre indígena: "unos en las venas y los demás
en las manos", Ríos Montt escribió un capitulo particularmente
sangriento en los anales negros del país.
A raíz del terror del evangélico renacido, se estableció
en la nueva constitución guatemalteca de 1985 una estipulación
que prohibía la candidatura presidencial a toda persona que hubiese
quebrado el orden constitucional de la República. En dos ocasiones,
en 1990 y 1995, la Corte Constitucional aplicó esa ley, para bloquear
las ambiciones presidenciales del Ríos Montt. Sin embargo, en este
año el asesino político triunfó.
La diferencia entre los primeros dos fallos y el tercero que dio lugar a
la alegre celebración en la Casa Presidencial, fue la composición
de la Corte Constitucional. El presidente Alfonso Portillo y su partido
Frente Republicano Guatemalteco (FRG), simplemente habían escogido
los magistrados necesarios para garantizar la infamia anticonstitucional.
El procedimiento de selección de los jueces del caso, que supuestamente
debía realizarse de manera aleatoria, fue llevado a cabo en privado
por el presidente de la corte, quien había sido ministro en el gobierno
de la FRG. De esa manera, cuatro de los siete magistrados violaron la constitución,
fallando a favor de la candidatura del golpista.
De hecho, la nominación de los jueces que allanó el camino
al genocida, fue obra del propio Ríos Montt que ha sido el de
facto Presidente del país desde hace una década. Alfonso
Portillo nunca ha sido más que un testaferro del general, como ha
sido un secreto a voces en el país.
La consigna electoral de 1996, por ejemplo, rezaba, "Portillo presidente,
Ríos Montt, el poder", y el mismo genocida no ha tenido reparos en
poner las cosas en su lugar: "Yo hago las leyes en el Congreso. Yo apruebo
el presupuesto del Congreso y, por lo tanto, yo soy el Presidente", decía
públicamente.
El caso de Ríos Montt es sólo un ejemplo extremo de una legalidad
de la democracia burguesa que garantiza que la organización y el ejercicio
del poder público no salgan fuera del control de la elite dominante.
De hecho, dentro de la estructura del Estado, las Cortes Supremas y los
golpes militares son los dos recursos principales de las elites en el poder
que impiden que el derecho del sufragio formal pueda afectar intereses vitales
de sus feudos de dominación.
En el jardín de Edén doctrinario de la democracia representativa
reina indisputablemente el barón de Montesquieu, en su noble labor
de Sísifo, tratando de controlar los posibles abusos del Leviatán
mediante la división de poderes entre el Ejecutivo, el Legislativo
y la Jurisprudencia. Sin embargo, en la democracia burguesa realmente existente
rige el dictum del sabio filósofo y exgobernador de la provincia
de Buenos Aires, Eduardo Duhalde, de que "para gobernar es necesario contar
con jueces afines" (1997).
¿Quién se atrevería a contradecir al filósofo
pampino, quien mejoró tan notablemente la sentencia de Montesquieu?
¿George W. Bush, el guardián de la civilización y democracia
occidental? Seguramente no. Fueron los cinco jueces de la Suprema Corte
de Justicia de Estados Unidos, nombrados por presidentes pertenecientes
al Partido Republicano, quienes legalizaron el fraude electoral que lo llevó
a la Casa Blanca, venciendo a los cuatro opositores nombrados por presidentes
provenientes del Partido Demócrata.
¿El presidente argentino Carlos Saúl Menem? Tampoco. En 1990
aplicó un mecanismo muy usado por los flamantes jefes de Estado de
las democracias formales: ampliar el número de ministros de la Corte
y colocar juristas afines en las nuevas plazas, para conseguir una mayoría
adicta a los nuevos amos del poder ejecutivo. Menem logró, de esta
forma, lo que se conocía en Argentina como la "mayoría automática"
que lo protegía de toda iniciativa legal inconveniente presentada
a través del sistema jurídico de la nación.
Se permitió incluso el lujo ---en una caricaturesca replica gauchesca
del legendario Caligula romano--- de nombrar a un exjefe policiaco provinciano
suyo y exempleado del bufete jurídico de la familia Menem en La Rioja,
Julio Nazareno, para la presidencia del máximo tribunal de Argentina.
¿La democracia cristiana alemana que condujo al país después
del colapso de 1945 y que no llevó ni un solo juez nazi ante los nuevos
tribunales, para hacerles justicia por los múltiples asesinatos institucionales
que habían cometido bajo el régimen de terror de Hitler? Hasta
el día de hoy, ninguno de los jueces colaboracionistas de los nazis
ha sido castigado por la justicia alemana, en lo más mínimo.
¿La Organización de Estados Americanos (OEA) que, Carta Interamericana
de la Democracia y demás arsenal democrático de por medio,
no ha encontrado un momento de tranquilidad para expresar su preocupación
por la feroz sátira del poder de facto que Portillo, Ríos
Montt, sus servicios secretos y sus bandas organizadas de las Patrullas
de Autodefensa Civil (PAC) están escenificando en el país?
¿El pueblo venezolano, que se llevó la amarga sorpresa de
que el Tribunal Supremo de Justicia ---cuyos ministros habían sido
seleccionados dentro del proceso de la "refundación del Estado",
para sustituir a los corruptos magistrados de la Cuarta República---
fuera disuelta por los golpistas del 11 de abril del año pasado,
para sentenciar solemnemente en agosto del 2003 que no había meritos
para enjuiciar a los oficiales generales involucrados y que, por lo tanto,
no hubo golpe de Estado?
La clarificación de la teología política de Montesquieu
por el filósofo de la realpolitik, Eduardo Duhalde, es un meritorio
aporte a la ciencia de los mecanismos reales de la democracia formal.
En rigor, sin embargo, el aporte no es tan original. Todo razonamiento deductivo
llevaría inevitablemente a la inferencia, de que ninguna clase dominante
dejaría uno de los tres poderes estatales de su dominación
en manos de fuerzas "independientes"; de hecho, tal praxis negaría
su carácter de clase dominante.
Y de manera inductiva, la evidencia empírica del hecho es simplemente
abrumadora, desde la condena de Sócrates por la justicia clasista
griega, hasta las deliberaciones apologéticas de Il Principe
de Macquiavelo y los retratos hablados del poder fáctico en los dramas
reales de William Shakespeare.
En la democracia más antigua de la burguesía moderna, en Gran
Bretaña, la Corte Suprema ha sido siempre parte integral de la Cámara
de Lores, es decir, un segundo despacho del ejecutivo aristocrático.
Hoy día, los sistemas parlamentarios configuran las Cortes Supremas
dentro de una rama propia del poder público, cuya independencia real
de la elite, sin embargo, es tan nula como la de los Lores de la aristocracia
inglesa.
En la democracia burguesa, los magistrados de las Cortes Supremas son nominados
por el partido político más fuerte dentro del poder legislativo,
que es también la fuerza constituyente del Ejecutivo. El resultado
de esta construcción resulta, como es obvio, en la conversión
de la división de poderes del Barón, en mera ficción;
porque un partido dominante o una alianza partidista puede tener el control
del parlamento, del senado y de la corte suprema, tal como sucede actualmente
en Estados Unidos.
La noción de una jurisprudencia independiente es una noción
de horror para toda clase dominante, porque el significado democrático
del calificador "independiente" solo puede referirse a los intereses de
las elites, como limitante de sus condiciones de existencia exploitativa.
La noción de Montesquieu seguirá navegando, por lo tanto, bajo
la bandera de la utopía, hasta que el barco de la humanidad salga
de los horrores de la civilización capitalista.
Mientras tanto, la democracia burguesa realmente existente sigue guiándose
por la ley del filósofo-rey pampino, Eduardo Duhalde.