Walden Bello
Masiosare.
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*** Vicepresidente Rangel desmiente declaración
del
Teniente Boyer Riobueno Por: Venpres
Publicado el Lunes, 11/08/03. |
IF YOU were thinking of taking your summer holidays in the United States this year you might like to know that, under an agreement between the European Commission and the US federal authorities, items of personal information will be communicated, without your consent, by the airline company with which you travel to the US Customs. Even before you board the plane the US authorities will already know your surname, first name, age, address, passport number, credit card number, state of health, food preferences (which could indicate your religion) and your previous travels.
All this information will be fed into a data- processing system known as CAPPS (computer-assisted passenger pre-screening system) to help identify suspect people. By checking the identity of every traveller and cross-checking it with information available from the police, the State Department, the Department of Justice and the banks, CAPPS will evaluate the degree of danger passengers pose and will colour-code them accordingly: green for harmless, yellow for doubtful and red for those to be prevented from boarding. If the visitor is Muslim, or from the Middle East, a yellow code will be assigned automatically. The Border Security programme authorises customs officers to photograph the yellow-coded and take their fingerprints.
Latin Americans are also being watched. We now know that 65 million Mexicans, 31 million Colombians and 18 million citizens of Central America have files on them in the US, without their knowledge. Each file has their date and place of birth, gender, names of their parents, a physical description, their marriage status, the number of their passport and their stated profession. Often the files include confidential information such as personal addresses, phone numbers, bank account details, car registration numbers and fingerprints. It seems that the entire population of Latin America is gradually being put on file by Washington.
James Lee, spokesman for ChoicePoint, the company that buys these files to re-sell them to the US government, explained the process: "Our whole purpose in life is to sell data to make the world a safer place.What risks do people coming into our country represent?" (1). It should be noted that in the US it is against the law to stockpile personal data. But there is no law preventing a private company from collecting data on behalf of the US government. ChoicePoint, with its headquarters near Atlanta, Georgia, is a familiar name from the recent past. In Florida, during the US presidential elections in 2000, its subsidiary Database Technologies was hired by the state to reorganise its electoral lists. The result was that thousands of Floridians were deprived of their right to vote, which then affected the result of the election: it was won by George Bush by a mere 537 votes, a victory that put him into the White House (2).
Foreigners are not the only people subjected to increased surveillance. Americans themselves are suffering from the current paranoia. New controls, authorised by the USA Patriot Act, are threatening personal privacy and secrecy of correspondence. Authorisation is no longer required for telephone tapping. Inquiring authorities can now access personal information without needing a search warrant. For example, the FBI is currently asking libraries to provide them with lists of the books and internet sites consulted by their members as a way of building "intellectual profiles" of individual readers (3).
The scariest of all the projects of illegal state surveillance is the one being created by the Pentagon under the codename Total Information Awareness (4), a system for total data surveillance that has been entrusted to the care of Admiral John Poindexter, a man who was sentenced in the 1980s for having been the instigator of the Iran-Contra affair.
The project proposes collecting an average 40 pages of information on each of the 6 billion inhabitants of this planet and entering them into a supercomputer. By processing all available personal data - credit card payments, media subscriptions, banking activities, phone calls, website visits, email, police files, insurance details, medical and social security information - the Pentagon is hoping to establish a tracker profile of every adult alive.
As in Steven Spielberg's film Minority Report, the US authorities imagine that this will enable them to prevent crimes before they are committed. John Petersen, president of the Arlington Institute [which calls itself a "future-oriented research institute"], claims that there will be less privacy but more security. "We will be able to anticipate the future, thanks to the interconnection of all information to do with you. Tomorrow we shall know everything about you" (5).
One step on from Big Brother.
(1) La Jornada, Mexico, 22 April 2003.
(2) The Guardian, London, 5 May 2003.
(3) The Washington Post, national weekly edition, 21-27 April 2003.
(4) Faced with protests by defenders of personal privacy the name was changed to Terrorism Information Awareness. See Armand Mattellart, Histoire de la société de l'information, La Découverte, Paris, new edition, October 2003.
(5) El País, Madrid, 4 July 2003.
Translated by Ed Emery
Walden Bello
Masiosare
El fin de los festejos en torno a los posibles acuerdos de la
Organización Mundial de Comercio, es el punto de partida para que
el autor examine los rasgos de la "nueva economía" del gobierno estadunidense
y el choque entre globalizadores y proteccionistas en las entrañas
mismas del imperio .
RESULTADO DE OCHO AÑOS DE NEGOCIACIONES,
la Organización Mundial del Comercio (OMC) fue lanzada en 1995 como
la gema de la gobernabilidad económica en la era de la globalización.
Los casi 20 acuerdos comerciales que cimentaban a la OMC fueron presentados
como un grupo de reglas multilaterales que eliminarían el poder y
la coerción de las relaciones comerciales, sometiendo tanto a poderosos
como a débiles a un mismo conjunto de reglas respaldadas por un efectivo
aparato regulador. La OMC fue un hito, declaró George Soros, por ser
el único organismo supranacional al cual se sometería la más
grande fuerza económica mundial: Estados Unidos1. Dentro de la OMC,
se dijo, el poderoso Estados Unidos y la débil Ruanda, tendrían
exactamente el mismo número de votos: uno.
El clamor fue de triunfo durante la Primera Conferencia Ministerial de
la OMC, celebrada en Singapur en noviembre de 1996, donde la OMC, el Fondo
Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, emitieron su famosa declaración
diciendo que la tarea del futuro era hacer que las políticas de comercio
internacional, finanzas y desarrollo fueran "coherentes" para poder así
sentar las bases de la prosperidad mundial.
La crisis del proyecto globalizador
A principios del 2003, los aires de triunfo habían desaparecido.
Conforme se acerca la Quinta Conferencia Ministerial de la OMC, la organización
está en una encrucijada. Un nuevo acuerdo en agricultura no parece
cercano ya que Estados Unidos y la Unión Europea (UE) defienden con
determinación sus subsidios de miles de millones de dólares.
Bruselas está a punto de sancionar a Washington por ofrecer incentivos
fiscales a los exportadores que infringen los acuerdos de la OMC, mientras
que Washington ha amenazado con abrir un caso en la OMC contra la UE por
su moratoria contra de los alimentos genéticamente manipulados. Los
países en desarrollo afirman unánimemente que la mayor cosecha
de su pertenencia a la OMC son costos, no beneficios. Se niegan rotundamente
a una mayor apertura de sus mercados, excepto bajo coerción e intimidación.
En vez de anunciar una nueva ronda de liberalización comercial global,
parece que la Conferencia Ministerial en Cancún anunciará una
parálisis.
El contexto para entender esta parálisis en la OMC es la crisis
del proyecto global -cuyo principal logro fue la creación de la OMC-
y el nacimiento del unilateralismo como el principal componente de la política
exterior estadunidense.
El stalingrado del FMI
Ha habido tres momentos en la creciente crisis del proyecto globalizador.
El primero fue la crisis financiera asiática de 1997. Este evento,
que domó a las orgullosas fieras de Asia, reveló que uno de
los principios clave de la globalización -la liberalización
de la cuenta de capital para promover flujos de capital más libres,
especialmente de capital financiero y especulativo, podía ser profundamente
desestabilizante... Se demostró cuan profundamente desestabilizador
podía ser liberar el mercado del capital cuando, en tan sólo
pocas semanas, un millón de personas en Tailandia y 21 millones en
Indonesia rebasaron la línea de pobreza.2
La crisis asiática fue la stalingrado del FMI, el principal agente
global de los flujos de capital libres. Su récord, en la ambiciosa
empresa de someter casi 100 economías emergentes y en desarrollo a
"ajustes estructurales", volvió a aparecer, y los hechos que ya habían
sido señalados por agencias de Naciones Unidas desde finales de los
ochenta, asumían ahora el estatus de realidad. Los programas de ajustes
estructurales diseñados para acelerar la desregulación, liberación
de comercio y la privatización, habían institucionalizado la
parálisis, empeorado la pobreza e incrementado la desigualdad en casi
todos lados.
La explosión de Seattle
El segundo momento de la crisis del proyecto globalista fue el colapso de
la Tercera Conferencia Ministerial de la OMC en Seattle, Washington, en diciembre
de 1999. Seattle fue la intersección fatal de tres vertientes de descontento
y conflicto que se habían estado formando por algún tiempo:
• Los países en desarrollo resintieron la desigualdad de los Acuerdos
de la Ronda Uruguay que se habían sentido obligados a firmar en 1995.
• Emergió una masiva oposición popular a la OMC de los
diversos sectores de la sociedad civil global, incluyendo a agricultores,
pescadores, sindicatos de trabajadores y ambientalistas. Por conformar una
amenaza para el bienestar de cada uno de estos sectores en sus acuerdos,
la OMC logró unir a la sociedad civil mundial en su contra.
• Hubo conflictos comerciales sin resolver entre la UE y Estados Unidos,
especialmente en agricultura, que simplemente habían sido pasados
por alto en los Acuerdos de la Ronda Uruguay.
Estos tres elementos volátiles se combinaron para crear una explosión
en Seattle, con la rebelión de los países en desarrollo contra
el dictado del Norte en el Centro de Convenciones de Seattle, 50 mil personas
que se agruparon en las calles, y la imposibilidad de la UE y EU para actuar
en conjunto y salvar la Conferencia Ministerial, debido a sus diferencia
irresueltas. En un momento de lucidez, justo después de la debacle
de Seattle, el secretario de Estado británico, Stephen Byers, capturó
la esencia de la crisis: "La OMC no puede continuar bajo su forma actual.
Requiere de cambios fundamentales y radicales para que pueda satisfacer todas
las necesidades y expectativas de sus 134 miembros."3
El colapso bursátil
El tercer momento en la crisis fue el colapso del mercado bursátil
al final del boom Clinton. Éste no fue sólo la explosión
de la burbuja, si no también la burda reafirmación de la clásica
crisis capitalista de sobreproducción. Antes del colapso, las ganancias
corporativas en los Estados Unidos no habían crecido desde 1997. Esto
se relacionaba con el excedente en el sector industrial, cuyo ejemplo más
deslumbrante podemos ver en el sector de las telecomunicaciones, donde sólo
era utilizado el 2.5 % de su capacidad a nivel global. El estancamiento de
la economía real llevó a la transferencia del capital al sector
financiero, resultando en el vertiginoso ascenso en las acciones de valores.
Pero debido a que las ganancias en el sector financiero no se pueden alejar
demasiado de las ganancias en la economía real, una caída de
los valores de la bolsa era inevitable, y esto ocurrió en marzo del
2001, llevando a una parálisis prolongada y al principio de la deflación.
La nueva economía de George W. Bush
La crisis de la globalización, el neoliberalismo, y la sobreproducción
proveen el contexto para entender las políticas económicas
de la administración Bush, notablemente su empuje unilateral. El proyecto
corporativo global expresó el interés común de las elites
económicas globales en expandir la economía mundial y su interdependencia
fundamental. De cualquier forma, la globalización no eliminó
la competencia entre las elites nacionales. De hecho, las elites gobernantes
de Estados Unidos y Europa tenían facciones que eran más nacionalistas
en carácter, así como más dependientes para su supervivencia
y prosperidad del Estado, como el complejo industrial militar en Estados
Unidos. Así es, desde los ochenta ha habido una fuerte lucha entre
las fracciones más globalizadoras de las elites gobernantes enfatizando
el interés común de la clase global capitalista en una creciente
economía mundial, y los más nacionalistas, facciones hegemónicas
que querían asegurar la supremacía de los intereses corporativos
de EU.
Como ha señalado Robert Brenner, las políticas de Clinton y
su secretario del Tesoro Robert Rubin, pusieron especial interés en
la expansión de la economía mundial como la base de la prosperidad
de la clase capitalista global. Por ejemplo, a mediados de los noventa impulsaron
una fuerte política del dólar, que buscaba estimular la recuperación
de las economías japonesa y alemana, para que pudieran servir como
mercados para los productos y servicios estadounidenses. Por otro lado, la
administración Reagan, más nacionalista, tuvo una política
monetaria más débil para recuperar la competitividad de la
economía de su país, a costa de las economías japonesa
y alemana.4 Con la administración de George W. Bush, hemos vuelto
a las políticas económicas, incluyendo una débil política
del dólar, que tienen como objetivo revivir la economía norteamericana
a costa de los otros centros económicos, e impulsar primordialmente
los intereses de las elites corporativas de Estados Unidos en vez de aquellos
de la clase capitalista global bajo las condiciones de un declive global.
Varios puntos de esta postura merecen desarrollarse:
• La política económica de Bush se preocupa mucho por un
proceso de globalización que no esté controlado por un Estado
que asegure que el proceso no altere el poder económico de Estados
Unidos. Permitiendo que sólo el mercado conduzca la globalización,
podría resultar en algunas empresas clave de Estados Unidos resulten
víctimas de la globalización y por consiguiente comprometan
los intereses económicos de EU. Ya que, a pesar de la retórica
del mercado libre, tenemos un grupo que es altamente proteccionista cuando
se trata de comercio, inversión y el manejo de los contratos gubernamentales.
Parece que la máxima de los "bushitas" es proteccionismo para Estados
Unidos y libre comercio para el resto de nosotros.
• La aproximación de Bush incluye un alto grado de escepticismo
hacia la forma multilateral de gobierno económica mundial, ya que
a pesar de que la forma multilateral puede promover los intereses de la clase
capitalista mundial, pudiera bien, en varias instancias, contradecir intereses
particulares de las corporaciones estadounidenses. La creciente ambivalencia
del círculo de Bush hacia la OMC surge del hecho de que Estados Unidos
ha perdido varias decisiones que podrían herir capital estadounidense
pero servir a los intereses del capitalismo global como un todo.
Para la gente Bush, el poder estratégico es la mayor modalidad
del poder.
• El poder económico es un medio para lograr el poder estratégico.
Esto está relacionado con el hecho de que bajo el mandato de Bush,
la facción dominante de la elite gobernante es la industria militar
que ganó la guerra fría. El conflicto entre globalizadores
y unilateralistas o nacionalistas alrededor de este eje, se muestra en la
actitud hacia China. El acercamiento globalista pone énfasis en la
relación con China, viendo primordialmente su importancia como un
área de inversión y un mercado para el capital estadounidense.
Los nacionalistas, por otro lado, ven a China principalmente como un enemigo
estratégico, y prefieren contener que impulsar su desarrollo.
• Ni qué decir, el paradigma Bush no tiene espacio para el manejo
ambiental, viendo éste como un problema por el que otros tienen que
preocuparse, no Estados Unidos. Hay, de hecho, un fuerte grupo corporativo
en el gobierno que cree que problemas ambientales como aquellos que rodean
a los Organismos Genéticamente Modificados, son una conspiración
europea para privar a Estados Unidos del uso de su alta tecnología
de punta en la competencia global.
***
Si las anteriores son las premisas de la acción, entonces los
siguientes elementos prominentes de la reciente política económica
norteamericana, tienen sentido:
• Lograr el control sobre el petróleo en Medio Oriente. Si bien
no abarcó todos los objetivos bélicos de la administración
en la invasión de Irak, estaba ciertamente muy arriba en la lista.
Con la competencia con Europa convirtiéndose en el aspecto principal
de la relación trasatlántica, esto claramente apuntaba en parte
a Europa. Pero quizá la meta estratégica era apropiarse de
los recursos de la región para controlar el acceso a ellos de una
China carente de energía.5
• Proteccionismo agresivo en asuntos de comercio e inversión.
Estados Unidos ha apilado un acto proteccionista tras otro, siendo uno de
los más sonados el haber detenido cualquier movimiento en las negociaciones
dentro de la OMC, por desafiar el apoyo brindado por la Declaración
Doha a los asuntos de salud pública por encima de los derechos de
propiedad intelectual, limitando la apertura de los derechos de patente a
tan sólo tres enfermedades en respuesta a los intereses de su industria
farmacéutica. Mientras parecen perfectamente dispuestos a ver como
se deshilan las negociaciones de la OMC, Washington ha puesto su mayor interés
en firmar convenios comerciales bilaterales o multilaterales con otros países
(como el TLC), antes de que la Unión Europea consiga tratados similares.
De hecho, el término "libre comercio" es erróneo ya que éstos
son en realidad tratados preferenciales de comercio.
• Incorporación de consideraciones estratégicas a tratados
comerciales. En un discurso reciente, el representante comercial de Estados
Unidos, Robert Zoellick, dijo explícitamente que "los países
que buscan acuerdos de libre comercio con Estados Unidos deben pasar una
inspección en más que criterios de economía y comercio
para ser elegibles. Como mínimo, dichos países deben cooperar
con los Estados Unidos en sus objetivos de política exterior y seguridad
nacional, como parte de los 13 criterios con los que se guiarán para
seleccionar a los potenciales socios de tratados de libre comercio".
• Manipulación del valor del dólar para depositar los costos
de la crisis económica en rivales de las economías centrales
y devolver competitividad a la economía norteamericana. Una lenta
depreciación del dólar frente al euro, puede ser interpretada
como un ajuste basado en los mercados, pero el 25% de caída en su
valor no puede ser visto, ni en lo más mínimo, como una política
de descuido. Mientras la administración Bus ha negado que esta sea
una política de mendiga-a tu-vecino, la prensa de negocios estadounidense
la ha visto como lo que es: un esfuerzo por revivir la economía norteamericana
a expensas de la Unión Europea y otras grandes economías.
• Manipulación agresiva de agencias multilaterales para que impulsen
los intereses del capital estadounidense. Mientras puede que esto no sea
muy fácil de lograr dentro de la OMC por su apego al peso de la Unión
Europea, puede hacerse con mayor facilidad en el Banco Mundial y el FMI,
donde el dominio estadounidense está más institucionalizado.
Por ejemplo, a pesar del apoyo a la propuesta por parte de muchos gobiernos
europeos, la oficina del Tesoro norteamericana recientemente deshizo la propuesta
de la administración del FMI par un Mecanismo Soberano de Reestructuración
de la Deuda (MSRD), que permitiría a los países en desarrollo
reestructurar su deuda al mismo tiempo que les ofrecía una medida
de protección de los acreedores. De por sí un mecanismo muy
débil, el MSRD fue vetado por el Departamento del Tesoro norteamericano.6
• Hacer que las otras economías centrales así como los
países en desarrollo carguen el peso de ajustarse a la crisis ambiental.
Mientras que algunos de los colaboradores de Bush no creen que exista una
crisis ambiental, otros saben que el promedio actual de las emisiones globales
invernadero es insostenible. De cualquier manera, quieren que otros carguen
con el peso de los ajustes ambientales, ya que eso significaría tanto
la exención de las industrias estadounidenses ambientalmente ineficientes
del costo de dichos ajustes, como paralizar a otras economías con
costos mayores que los que tendrían si Estados Unidos participara
en un proceso de ajuste equitativo, dándole así a su país
una fuerte delantera en la competencia global. Cruda economía "realpolitik"
(de política expansionista), no ceguera fundamentalista, compone la
raíz de la decisión de Washington de no firmar el Protocolo
de Kyoto.
La economía y la política del desgaste
Cualquier discusión sobre los posibles resultados de las políticas
económicas de la administración Bush, debe tomar en cuenta
tanto el estado de la economía estadounidense y global, como el panorama
estratégico mayor. Un punto clave para el manejo imperial exitoso
es la expansión de la economía nacional y global -algo bloqueado
por el extenso periodo de deflación y parálisis que se avecina,
que tiene más posibilidades de encender las rivalidades inter-capitalistas.
Es más, los recursos incluyen no sólo recursos políticos
y económicos, si no políticos e ideológicos también.
Ya que sin legitimidad -sin lo que Gramsci llamó "el consenso" de
los dominados que hace a un régimen justo- el manejo imperial no puede
ser estable.
Enfrentado al problema similar de asegurar la estabilidad a largo plazo
de su dominio, el Imperio Romano llegó a la solución de lo
que fue hasta entonces el más impactante caso de lealtad de masas
jamás logrado, y que prolongó el imperio por 700 años.
La solución de los romanos no era justa ni de carácter principalmente
militar. Los romanos se dieron cuenta que un componente esencial para el
éxito del dominio imperial era el consenso entre los dominados de
lo "correcto" del orden romano. Como nota el sociólogo Michael Mann
en su clásico Fuentes del Poder Social, "el punto decisivo" no es
tanto militar como político. "Los romanos", escribe, " poco a poco
se toparon con al invención de la nacionalidad territorial extensiva."7
La extensión de la nacionalidad romana a los grupos de poder y la
gente no esclava a lo largo del imperio, fue una ruptura política
que produjo lo que "probablemente haya sido el mayor compromiso colectivo
hasta entonces logrado". La ciudadanía política, combinada
con la visión del Estado como proveedor de paz y prosperidad para
todos, creó ese intangible pero esencial elemento moral llamado legitimidad.
No es necesario decir que la extensión de la ciudadanía
no juega un papel en el orden imperial estadounidense. De hecho, la ciudadanía
estadounidense es celosamente reservada para una minúscula minoría
de la población mundial, y la entrada en el territorio está
fuertemente controlada. La población subordinada no es integrada,
si no mantenida bajo vigilancia por la fuerza, o la amenaza del uso de la
fuerza, o un sistema de reglas e instituciones regionales o globales -la
Organización Mundial de Comercio, el sistema Breton Woods, la OTAN-
que son cada vez más obviamente manipulados para servir a los intereses
del centro imperial.
Mientras que la extensión de la nacionalidad universal no ha sido
nunca un arma en el arsenal estadounidense, durante su batalla con el comunismo
en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos inventó
una fórmula política para legitimar su alcance global. Los
dos elementos de dicha fórmula fueron un sistema de gobierno global
multilateral, y la democracia liberal.
En los cálculos inmediatos al fin de la guerra fría, hubo,
de hecho, difundidas expectativas de una versión contemporánea
de la Paz romana. Hubo esperanza entre los círculos liberales de que
Estados Unidos usaría su estatus de única super-potencia para
crear un orden multilateral que institucionalizaría su hegemonía
y asegurara una paz global agustiniana. Aquel era el camino de la globalización
económica y gobierno multilateral. Aquel era el camino eliminado por
el gobierno de Bush y su política unilateral.
Como observa Frances Fitzgerald en Fuego en el Lago, la promesa de una
democracia liberal extensiva, fue un muy poderoso ideal que acompañó
a las armas estadounidenses durante la guerra fría.8 Pero hoy, las
democracias liberales como las de Washington o Westminister, están
en aprietos entre el mundo en desarrollo, donde han sido reducidas a proveer
fachadas para gobiernos oligárquicos, como en Filipinas, en el Pakistán
pre-Musharraf, y a lo largo de América Latina. De hecho, la democracia
liberal en Estados Unidos, es cada ve menos democrática y menos liberal.
Ciertamente, pocos en el mundo en desarrollo ven como modelo a un sistema
alimentado y corrompido por el dinero de las corporaciones.
***
Recuperar la visión moral, necesaria para crear consenso a la
hegemonía de EU, será excesivamente difícil. De hecho,
el acuerdo en Washington estos días, es que el proveedor más
efectivo de consenso es la amenaza del uso de la fuerza. Es más, a
pesar de su discurso sobre instaurar la democracia en los países árabes,
la meta principal de los escritores neoliberales influyentes como Robert
Kagan y Charles Krauthammer es transparente: la manipulación de los
mecanismos democráticos liberales para crear competencia plural que
destruya la unidad árabe. Llevar la democracia al mundo árabe
no es ni siquiera un segundo pensamiento que se suelta como eslogan mientras
se muerden la lengua.
La gente de Bush no está interesada en crear una nueva Paz Romana.
Lo que quieren es una Paz Americana en la cual al mayoría de las poblaciones
subordinadas como las árabes, se mantengan a raya por un sano respeto
al poderío letal estadounidense, mientras la lealtad de otros grupos
como el gobierno filipino se compra con la promesa de dinero. Sin una visión
moral suficiente para atar a la mayoría global al centro imperial,
esta modalidad de manejo imperial sólo puede inspirar una cosa: resistencia.
El gran problema de la unilateralidad es el desgaste, o un desencuentro
entre los intereses estadounidenses y los recursos necesarios para satisfacer
dichos intereses. El desgaste es relativo, es decir, es en gran medida una
función de la resistencia. Un poder desgastado puede, de hecho, estar
en una peor condición a pesar del aumento en su poder militar, si
la resistencia a su poder aumenta en un grado aún mayor. Entre los
indicadores principales del desgaste están los siguientes:
• La continua inhabilidad de Washington para crear un nuevo orden político
en Irak que sirva como una base segura para un orden colonial;
• su fracaso para consolidar un régimen pro-americano en Afganistán,
fuera de Kabul;
• la inhabilidad de su aliado estratégico, Israel, para contener,
a pesar del apoyo incondicional de Washington, el levantamiento del pueblo
palestino;
• el encendido sentimiento árabe y musulmán en Medio Oriente,
y el su y sureste asiáticos, que han aportado grandes ganancias ideológicas
a los fundamentalistas islámicos -que fue lo que Osama Bin Laden deseaba
en un primer lugar;
• el colapso de la Alianza Atlántica de la guerra fría,
y el surgimiento de una nueva alianza opositora con Francia y Alemania a
la cabeza;
• el avance de un movimiento global de la, cada vez más poderosa,
sociedad civil en contra de la unilateralidad estadounidense, militarización,
y hegemonía económica, cuya expresión reciente más
significativa fue el movimiento global en oposición a la guerra;
• la llegada al poder de movimientos anti-neoliberales, anti-estadounidenses
en el propio patio trasero de Washington -Brasil, Venezuela y Ecuador- mientras
la administración Bush se preocupa de Medio Oriente;
• un impacto negativo cada vez mayor del militarismo sobre la economía
estadounidense, mientras que el gasto militar se vuelve dependiente del gasto
financiado mediante déficit y el gasto financiado mediante déficit
depende a su vez del financiamiento por fuentes externas, creando más
tensiones y problemas en una economía que está ya al límite
del colapso.
***
En conclusión, el proyecto globalizador está en crisis.
Que pueda resurgir por medio de un gobierno demócrata o republicano,
no debe ser descartado, sobre todo cuando hay voces globalizadoras influyentes
en la comunidad de negocios en Estados Unidos que han expresado oposición
al impulso unilateralista de la administración Bush.9 Sin embargo,
desde nuestro punto de vista, esto no es muy probable, ya que el unilateralismo
reinará todavía por un tiempo más.
Hemos, en breve, entrado a una turbulencia histórica marcada por
una prolongada crisis económica, el aumento de la resistencia global,
la reaparición del balance de poder entre estados centrales, y el
resurgimiento de agudas contradicciones inter-imperialistas. Debemos tener
un sano respeto por el poder de Estados Unidos, pero no debemos sobreestimarlo.
Existen los signos de que Estados Unidos está seriamente desgastado
y lo que parecen ser manifestaciones de fuerza, pudieran ser en realidad
señales de debilidad estratégica.
(Traducción: Yari Donatella).
Extractos del texto leído en la Conferencia sobre Tendencias en la
Globalización, Universidad de California, en Santa Bárbara,
celebrada del 1 al 3 de mayo pasados. Una versión de este texto aparecerá
en el número de otoño de New Labor Forum.
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Vicepresidente Rangel desmiente declaración
del Teniente Boyer Riobueno
Por: Venpres
Publicado el Lunes, 11/08/03 01:26pm |
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Oficializado el 12 de Octubre como Día
de la Resistencia Indígena
Por: Venpres
Publicado el Lunes, 11/08/03 01:12pm |
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Israel amenaza con atacar objetivos sirios
en Líbano
Por: Venpres
Publicado el Lunes, 11/08/03 12:58pm |
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The economic crisis in California deepened last month as employers cut 21,800 jobs, nearly half of the total job losses in the country for the month. According to a report released by the state’s Employment Development Department (EDD), the losses affected many sectors of the economy, with employers shedding jobs in manufacturing, retailing, transportation, government and business services.
California has the largest economy of any state in the nation, accounting for 13 percent of the country’s total gross domestic product. The new data comes in the midst of a deep economic and political crisis in the state. A powerful section of the Republican Party is attempting to overturn the results of last year’s gubernatorial election through a recall vote scheduled for October 7. The aim of this effort is to escalate attacks on working people through further cuts in social programs and jobs.
Overall this year, 33,200 jobs have been eliminated in California. Since March 2001, 300,000 jobs have been cut, or about 1.9 percent of the state’s employment base. Currently, 1.1 million of the state’s population is unemployed, with one-quarter of these having been unemployed for over six months. Payroll levels are now at their lowest since the collapse of the state’s job market two years ago.
The official unemployment rate in the state actually fell from 6.8 percent in June to 6.6 percent in July. This is a result of a rise in long-term joblessness, as many workers are no longer counted as unemployed since they have stopped looking for work. According to the EDD, 71,000 Californians stopped looking for jobs in July, up 9,000 from June. Similarly, the national unemployment rate fell two-tenths of a percentage point, to 6.2 percent in July, even as businesses cut 44,000 jobs.
Government jobs in the state fell sharply—by 9,600 according to seasonally adjusted figures released by the EDD. Cities and counties across the state have been slashing budgets as the state itself cuts funding to these localities to make up for its own $38 billion deficit. City and county governments account for 70 percent of public sector employment in the state, and since January of this year they have eliminated nearly 32,000 jobs. Education, health care and other government services are suffering from the increasingly desperate economic conditions and the measures taken by both Democratic and Republican administrations to scale back social programs.
Michael Bernick, director of the EDD, told the Los Angeles Times, “Budget woes are hitting local government and we’re just beginning to see the impact now. We’re going to continue to see declines.”
Also suffering deep cuts was the manufacturing sector, which lost 6,500 jobs in July. Manufacturing jobs have fallen in California for 30 of the last 31 months. During the past 12 months, over 60,000 manufacturing jobs have been cut. The decline in California manufacturing reflects national trends. In July alone, 71,000 manufacturing jobs were lost across the country.
The slight improvement in economic growth nationally has not been translated into job creation in California or elsewhere in the country. “There are still no signs of recovery in the job market,” said Ted Gibson, a former chief economist at California’s Department of Finance. “There is no upward momentum. It seems to be going in the opposite direction.”
The economic downturn has been particularly harsh on northern California, including Silicon Valley and the entire San Francisco Bay area. These were the regions that benefited most directly from the technology boom of the late 90s and early years of this decade. Unemployment in Santa Clara County—one of the major centers of the dot.com growth—is now 8.4 percent. Since December 2000, the county has lost nearly 19 percent of its employment base—some 200,000 jobs.
Job cuts will likely continue over the coming months. The state government recently passed a patchwork budget that calls for the elimination of 16,000 state jobs but postpones much of the state’s fiscal crisis until next year. Even the 16,000 lost jobs are not accounted for in the most recent figures. State agencies have only begun to send out layoff warnings to thousands of employees, from electrical workers to teachers to health care workers.
Democratic governor Gray Davis has directed 150 state departments to cut payroll costs by 10 percent by reducing wages and planning layoffs. For example, it is estimated that 3,000 more teachers will be laid off over the coming months, adding to the thousands that have already been handed their pink slips. State colleges and universities are also being hit hard. University of California Berkeley announced plans last week to eliminate 200 jobs, and other UC and California State campuses are planning cuts as well.
http://www.wsws.org/articles/2003/aug2003/jobs-a11.shtml