PANDEMONIUM
GAVIRIA WATCH
No. 44
ACERCA DE LAS MISIONES EN VENEZUELA
DEL SECRETARIO GENERAL DE LA OEA
Roberto Suárez F. Mérida,
12-12-2002
Atendiendo a solicitud del Presidente Hugo Chávez, hace cierto tiempo llegó a Venezuela el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), Sr. César Gaviria. Independientemente de nuestras posiciones respecto al Gobierno nacional, en el país hemos interpretado que la solicitud del Presidente Chávez se refería a que el Secretario General de la OEA, realizara las dos siguientes misiones durante su estadía en Venezuela: 1) Observar personalmente tanto los acontecimientos políticos venezolanos como la actuación (el proceder) de los factores que determinan esos acontecimientos. 2) Servir como mediador entre el factor Gobierno y el factor (que no Parte) Oposición, con la finalidad propiciar el entendimiento, la comprensión (o al menos tolerancia en las disimilitudes) y acuerdos entre ambos factores.
Si ciertamente esas fueron las misiones solicitadas (Observar y Mediar), el natural objeto de ellas debió ser que la OEA, con la confianza que deposita en su propio Secretario General, conociera directamente de éste acerca de la realidad política actual venezolana y, consiguientemente, la OEA pudiera formarse criterios más precisos y adecuados para momento(s) en que pudiera tener que hacer y/o emitir juicios relacionados con nuestro país.
Podemos imaginar que la avalancha de nuevos acontecimientos y conflictos suscitados en Venezuela después de su llegada, obligaron al Secretario General a comenzar la ejecución de sus misiones poniendo mayor énfasis y empeño en la de mediador que en la de observador. Tal comienzo era necesario; pero, actualmente, después de un no corto tiempo de su gestión, uno comienza a preguntarse ¿En qué grado de acierto el honorable Secretario General de la OEA está diferenciando sistemáticamente y ejecutando esas dos misiones? ¿En qué grado de acierto conjuga la influencia de la una sobre la otra y en qué grado de concordancia luego procede? y... muy importante por razones de la soberanía nacional: ¿Con cuáles fundamentos opera el Secretario General para juzgar acerca del tiempo que deben durar sus misiones en Venezuela?
Respecto a la última
pregunta, creo que la misión de observador ha debido durar tanto
como haya sido necesario para enterarse, analizar y descifrar las causas
esenciales del actual conflicto venezolano y de la conducta que dentro de
él revelan los factores que lo producen. Asimismo, creo que la misión
de mediador ha debido durar tanto cuanto ambos factores respetasen rigurosamente
los dos siguientes elementos: a) el objeto de la OEA como organismo interamericano
y b) la institucionalidad y constitucionalidad del país.
En el caso nuestro, la Oposición ha asistido a la mesa de discusiones presidida por el Secretario General, anteponiendo como requisito para comenzar la discusión de cualquier tema una exigencia disconforme con nuestra constitucionalidad, esto es, un mecanismo electoral diferente al constitucionalmente establecido, y, además, en la calle exigiendo la renuncia del Presidente como presión para lograr sus fines en la mesa de diálogo. Esto lo ha hecho con tal vehemente e impetuoso irrespeto a la institucionalidad que hasta graves daños económicos y financieros ha causado y está aún por causar a toda nuestra nación, no sólo mediante los sabotajes a la producción petrolera. Todo esto ha ocurrido ante los ojos del Secretario General.
Dentro de un razonamiento simplemente justo que, en los últimos años, quizás es el único razonamiento esperado de los políticos por parte de la mayoría de los venezolanos, al observar tal exigencia, conducta y hechos consumados por la Oposición, el Secretario General de la OEA, por respeto a la institucionalidad y constitucionalidad venezolana, debió haber concluido de inmediato su misión informando a la OEA de tales antidemocráticos procedimientos oposicionistas y proponiendo al organismo emitir los juicios condenatorios pertinentes, exhortando e incluso tratando de obligar a ello al Gobierno de Estados Unidos. Tal conclusión de la misión habría sido la más justa y expedita para recobrar la tranquilidad en Venezuela. Tal conclusión de la misión habría desalentado la persistencia del golpismo contra el Gobierno venezolano, habría contribuido al regreso de la práctica institucional de la política y habría hecho innecesaria la continuación de la gestión del Sr. Gaviria en Venezuela. Tal conclusión de la misión habría sido la mayor y más racional contribución que habría hecho la OEA para impedir desenlaces violentos en la nación venezolana. Y, finalmente, tal conclusión de la misión no habría dejado precedente que propiciara que, en otros países latinoamericanos, factores minoritarios de oposición pudieran en lo sucesivo, y con el apoyo de poderes económicos nacionales y extranjeros, lograr sus objetivos mediante el chantaje, la violencia y el sabotaje a la producción y economía.
Queda entonces la pregunta ¿Están
la OEA y Estados Unidos experimentando en Venezuela un nuevo procedimiento
para futuras actuaciones suyas tendentes a liquidar programas de gobierno
de legítimos Gobiernos latinoamericanos?
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